viernes, 12 de septiembre de 2008

Gerda y André




Los primeros años treinta de este siglo pasado transformaron París en un lugar lleno de exiliados, los franceses miraban atónitos, (y probablemente algo acojonados) como un demonio con bigote ascendía al poder en las tierras de sus vecinos del norte, mientras oían el ruido de sables proveniente del sur, atrapados en ésa espiral, dos jóvenes de origen judío las pasaban putas para salir adelante, Andre Friedman y Gerta Pohorylle buscaban en la venta de fotos el noble y doble objetivo de no morir de inanición y evitar la deportación, ya que con un trabajo de periodistas no les expulsarían.

Siempre se ha dicho que el hambre agudiza el ingenio, y debe ser verdad por que la pareja, harta de malvender sus fotos a los diarios de la época, decidieron inventarse un personaje, un fotógrafo americano mundialmente conocido que no disponía de tiempo suficiente como para perderlo en la mundanal compra venta periodística, a aquel tipo le dieron el nombre de Robert Taylor y casi el apellido de Frank Capra, el resultado “Robert Capa”, firma con la que comenzaron a mover su propia obra.

Y resultó, tanto que se convirtió en una marca que los diarios franceses comenzaron a reclamar, permitiéndoles ganarse la vida decentemente y embarcarse al poco (como reporteros de guerra) en una aventura con destino al infierno que se había declarado en España.

La fama mundial les llegó en estas tierras, mientras retrataban la miseria del hombre contra el hombre como nadie, fueron responsables de la instantánea más conocida de la guerra, aquella tan famosa en la que un miliciano cae abatido ante la cámara, polémico retrato que tiene casi tantos defensores como detractores, muchos afirman que fue un montaje, aunque ya poco importa, cuando se distanciaron, el se llevó el nombre y la fama, y ella comenzó a firmar con el seudónimo de “Gerda Taro”, pariendo un puñado de fotos impresionantes fruto del poco apego que aquella loca de la cámara parecía tener por su pellejo.

Así mientras volvía de la batalla de Brunete, acompañando en el camino a los republicanos mientras éstos lloraban a sus muertos y se lamían las heridas, dos cazas franquistas aparecieron por el horizonte generando pánico en la columna en retirada y haciendo que el conductor de un tanque se llevara por delante el estribo del coche de general Walter, lugar donde viajaba nuestra intrépida amiga, aplastándola al caer ésta al suelo.

Gerda Taro murió al día siguiente, pasando al lugar donde descansan los mitos, fotógrafa como la copa de un pino, buena parte de su obra está fusionada con la de Capa, siendo casi imposible llegar a separarla de la de ése tipo moreno y delgaducho que es hoy en día el referente de cualquier fotógrafo bélico.

PD: En la foto una miliciana afina su puntería en Barcelona, fotografiada por Gerda Taro

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