martes, 21 de octubre de 2008

Los vientres libres




En 1870 un tipo llamado Román Baldorioty tragó saliva antes de introducirse en la leonera en la que se había convertido el parlamento español, allí entre caras serias, bigotes señoriales y miradas asesinas, el diputado puertorriqueño, recién llegado de ultramar a la convulsa metrópoli, tomó la palabra esperanzado, entre sus exigencias, una que parece imposible que fuera emitida hace tan pocas generaciones, la de la abolición de la esclavitud.

Baldorioty, enjuto y cetrino, encabronado por una supuesta mofa hacia el color oscuro de su piel espetó a sus señorías:

“Los que niegan la libertad del esclavo, los que se complacen en remachar sus cadenas, podrán tener la piel blanca, pero sus conciencias, señores, son más oscuras que las del etíope a quien se niegan a redimir, porque el pigmento del cutis no señala diferencias de nobleza y moralidad entre los hombres” (…) “Oscura es mi tez y yo les aseguro que aquí (señalándose la frente) hay algo que sale con mi verbo a iluminar esas conciencias ennegrecidas”.

Le sacó los colores a más de uno y salió entre aplausos, y es que por aquel entonces, al contrario que en la península, donde fue abolida en 1837, en las colonias de Cuba y Puerto Rico la esclavitud era perfectamente legal; para vergüenza de los políticos patrios, el ser humano aún podía tener dueño al otro lado del Atlántico.

Poco después de aquello, el cuatro de julio de 1870, tras muchas peleas y discursos como el de Román, vio la luz una ley que a pesar de parecer hoy en día totalmente surrealista, supuso un paso importante para las asociaciones abolicionistas, “la ley de vientres libres” fue sacada adelante gracias a Segismundo Moret, y gracias a ella, los hijos de las esclavas negras no se convirtieron automáticamente en una especie de accesorios extra para sus dueños, sino que nacieron libres, bajo la custodia de sus madres y los dueños de éstas, pero libres.

Comenzó a ser obligatorio además que el esclavista diera cobijo y oficio al niño hasta los 18 años, (beneficiándose de su trabajo por la cara durante ése tiempo), edad en la cual, el joven comenzaría a recibir la mitad de la mitad del salario de un hombre libre (hasta los 22) después, la libertad sería completa, a este tinglado lo llamaron “patronato” y a pesar de seguir siendo claramente injusto, duró unos cuantos años mas.

La esclavitud fue derogada definitivamente en 1873 (en Puerto Rico) y en 1886 (en Cuba), una muestra clara de lo extremadamente difícil que es eliminar una injusticia (por enorme que esta sea) mientras que los poderosos sean los principales beneficiarios de la misma.


2 comentarios:

Hispa dijo...

Me vas a permitir un comentario de baja estofa: ¡Pero qué hijos de puta!

Por cierto, que lo de los "vientres libres" fue posible gracias a La Gloriosa de 1868, que propició cosas tan buenas para España como la salida de los Borbones, la Primera República y la idea federal del estado. Lástima que Pavía y sus muchachos tricorneados lo mandaran todo al carajo antes de tiempo.

Javi dijo...

Hispa, tienes permiso para decir lo que te venga en gana en este blog, faltaría mas... :), saludos