miércoles, 19 de noviembre de 2008

Los huesos de Jimmy




Salvatore está nervioso, llega la hora de la verdad, se sienta frente la mesa de la cocina con un Seven Up en una mano y un Colt calibre 45 del ejército en la otra, bebe un trago y respira hondo, nota como un impulso eléctrico recorre sus extremidades, casi puede notar cada uno de los pelos de sus brazos erizándose cual puercoespín, los mira intrigado, mientras lo hace una fuerza incontenible asciende por su esófago, eructa, el estallido de gas es como la tormenta que precede a la calma justo antes de que llegue el huracán, el mafioso se queda en silencio, medita, cuenta cada una de las burbujas del refresco, piensa en lo mucho que le estresa su trabajo.

Cuando Thomas pasa a su lado exclama:

-¿Qué vas a matar, elefantes?

-Puede.

El encargado del asunto arruga el morro, chisca la lengua contra los dientes mientras extrae de su bolsillo un alambre y unos guantes, es hora de dejar un par de cosas claras.

-Tony no quiere escandaleras, ni cagadas, dile a tu hermano que se prepare, Jimmy y el gordo están a punto de llegar.

Está en lo cierto, el Mercury Maroon del setenta y cinco chirría como un animal en celo al tomar la curva camino del matadero, cuando por fin aparece al otro extremo de la calle, los matarifes que vigilan tras la puerta del mismo súbitamente notan como les crecen los colmillos, excitados, la adrenalina los transmuta en animales, dilata sus pupilas, seca sus bocas, tensa cada puñetero músculo de su cuerpo.

Thomas traga saliva y apaga apresuradamente el cigarrillo que casi quema la comisura de sus labios, ensaya la mejor de sus sonrisas frente al espejo y aprovecha esos últimos instantes para retocar su maltrecha cabellera engominada, mientras lo hace, Gabriel le mira de reojo, está pegado a la pared, en sus manos descansa un punzón enorme, aferrado con fuerza, y escondido entre sus ropas.

Chuckie y Jimmy Hoffa llaman al timbre, la puerta se abre como la de un castillo Transilvano, es el momento de reír, saludar a los invitados y sonreír de oreja a oreja, cuando la mafia te mata, la última cara que ves es siempre la de tu mejor amigo.

El buen rollo termina cuando el alambre se cierra sobre el grueso cuello del sindicalista, por la espalda, grita, bufa y lucha, pero antes de que pueda dar el primer manotazo, un punzón manejado por manos virtuosas ya le ha hecho cinco sietes en la camisa, la sangre se derrama, el oxígeno se acaba, los ojos del finado miran a sus antiguos compañeros emitiendo una maldición sorda.

El asunto lleva su tiempo, los asesinos buscan resuello, el rojo arterial mancha sus caras y sus extremidades de hienas, jadean, maldicen y segregan espumarajos, la primera parte del encargo está realizada, Jimmy Hoffa, el gran sindicalista que había agarrado y apretado las pelotas de la nación y la mafia, en ése momento no es mas que carne inerte.

-¿Qué hacemos con el muerto?

-Magia.

Salvatore, Gabriel y Thomas son gente de recursos, pasarán cincuenta años y el FBI seguirá buscando los huesos de Jimmy.

2 comentarios:

Hispa dijo...

Eso si es que no es el mismo FBI el que los tiene enterrados en su finca de Quantico.

Javi dijo...

Con un poco de suerte, esta tomando daikiris con Bin Laden en Ibiza