viernes, 19 de diciembre de 2008

El Rat Pack




De madrugada, los finos dedos de Judy acarician la pila de discos con una mezcla de suavidad y torpeza, recorren la torre musical de arriba abajo en un par de ocasiones antes de detenerse súbitamente, cuando por fin lo hacen, la actriz sonríe de oreja a oreja como quien acaba de encontrar una perla en mitad del desierto, cuidadosa, extrae el plástico redondo de su funda de cartón y elimina el polvo de su superficie de un soplido, esta pedo, la cuesta encontrar el agujero del vinilo pero al final lo consigue, la aguja del tocadiscos aterriza sobre su objetivo sin mas contratiempos mientras un grito ahogado de satisfacción surge de entre sus labios.

Pasa un ángel, el saxo de Charlie Parker inunda la estancia, hace palidecer las risotadas de Humphrey que se recuesta sobre el respaldo de su silla antes de rellenar su copa, en silencio mira el líquido elemento contenido en la botella, reflexiona sobre los doce años de envejecimiento en barrica de roble que han precedido a este momento, para Humphrey Bogart el whisky es ése viejo amigo escocés que nunca falla, que con precisión matemática logra el objetivo de mostrar al ser humano tal y como es, sin adornos, sólo los borrachos dicen la verdad, los borrachos y los niños.

La música amansa a las fieras, y a los amigos, rodeando a Bogart se encuentran Frank, Sid, Katharine, Spencer y George, el brillo intermitente de Las Vegas aún se refleja sobre sus pupilas, se cuela entre las hileras del humo de la pirámide de cigarrillos mal apagados que terminan de consumirse en el cenicero, el sonido de las máquinas tragaperras aún retumba juguetón sobre sus tímpanos, excitando unos cerebros sobre los que ya empieza a pesar las muchas horas de vigilia.

Un momento trágico se acerca, a traición, la Hepburn bosteza y como un virus contagioso, el acto reflejo se extiende de boca en boca de un extremo a otro de la mesa y de una esquina a otra de la habitación, la hora de la rendición se presenta para una docena de ojos rojizos que piden descanso, los mitos allí presentes han conocido horas mejores.

La noche se acaba, la fiesta también, solo queda retirarse antes de perder el último de los papeles y esperar al nuevo día que en pocas horas asomará por la ventana, va a ser duro, la resaca va a ser de órdago, el dolor de cabeza, intenso, los remordimientos, pasajeros.

En ése momento Lauren Bacall entra por la puerta y observa el percal, su sonrisa infinita da paso a una sonora carcajada, se queda erguida en mirad de la estancia mientras su marido y amigos la miran intrigados desde la oscuridad, ella les señala intentando contener la risa y sin querer da nombre a uno de los grupos de amigos mas selectos de la historia.

-“Parecéis una maldita panda de ratas”.

Todo el mundo querrá formar parte del “Rat Pack” por un simple motivo, nunca un club tendrá tal concentración de estrellas, y aunque alguno las llegue a tener, nunca brillarán tanto.

1 comentario:

Hispa dijo...

¡Dios! ¡Qué pedazo de relato!

Por cierto, cualquiera que vea alguna película como "Adivina quién viene esta noche" se dará cuenta de que en la América de los años 50 y 60 el alcohol (del caro, claro) era signo de distinción social. Todos los que nombras tuvieron sus más y sus menos con la bebida, pero aún así, algunos duraron más que un martillo enterrado en manteca. La Hepburn o la Bacall, sin ir más lejos.