miércoles, 4 de febrero de 2009

El gran Museo




Cansado, aterido de frío y con una fina capa blanca sobre la cabeza, el viajero camina sobre una gruesa capa de nieve compactada que con el tiempo ha ido adquiriendo un tono azulado peligrosamente resbaladizo, un espejo que lo cubre todo sobre el que los hombres caminan como patos, que suena a cada paso con un quejido constante, sordo, resquebrajado.

El gran museo espera tras la verja, sobre los jardines de la entrada, el manto inmaculado lo cubre casi todo, respetando solo una pequeña hilera construida por los valientes que a pesar de todo han llegado hasta ése punto, desafiado a los elementos, con sus narices rojas y sus dedos azulados suben las escaleras de la entrada con la ilusión de un arqueólogo ante un viejo hueso de dinosaurio.

Desde el patio interior la vista es hermosa, magnífica, el techo acristalado y protector ofrece una imagen poco usual, con la nieve acumulada dibujando juguetona figuras imposibles, la luz que ya de por si es escasa en estos lares, tiene hoy un poco menos de fuerza, y le da un toque casi misterioso al asunto, dejando en penumbra los innumerables tesoros que se custodian entre ésas cuatro paredes.

De un par de manotazos, el viajero se recompone, se sorprende de que la entrada al recinto sea gratuita y como un chucho recién mojado se quieta los restos de la fina caricia helada que descansa sobre sus hombros, se pregunta que jodida casualidad hace que el día seleccionado para ver el British Museum sea el mismo en el que cae la mayor nevada en veinte años sobre Londres.

La ley de Murphy, ajo y agua.

Las sospechas se confirman, debido a las inclemencias del clima, el museo cerrará antes de tiempo, lo que apenas deja una hora para enfrentarse al millón de reliquias que con la meticulosidad propia de los hijos de la pérfida Albión, han sido durante años saqueadas, catalogadas, y expuestas en este inmenso lugar.

Esta claro, hay que seleccionar, apretando el paso, el extranjero atraviesa el patio circular, gira a la izquierda y entre una nube de japoneses que se fotografían unos a otros en un bucle infinito descubre la piedra Rosetta, el busto de inmenso de Ramsés II o los enormes relieves asirios.

Los frisos del Partenón y las momias tendrán que esperar, las salas que los guardan están cerradas por falta de personal, mala suerte, la visita continúa entre un Moái de la Isla de Pascua, un tótem Norteamericano o las máscaras funerarias precolombinas, sobredosis de tiempos pasados en sesenta intensos minutos.

Por fin, en un banco situado frente un buda de sabe dios que dinastía china, el viajero encuentra reposo para sus pies cansados, en silencio cierra los ojos y reflexiona sobre la vida y la muerte que hay de tras de cada humilde fragmento de historia allí expuesto, muchos de ellos ilegalmente extraídos de sus lugares de origen, pero perfectamente ordenados, catalogados y a salvo del mundo cruel que los vio nacer, al alcance de aquel que quiera aprender un poco de ellos de forma totalmente gratuita.

Por un segundo, el viajero casi disculpa y hasta envidia la enorme fascinación por la historia que domina las mentes de los británicos, casi perdona los siglos de corso que han construido ése lugar, sólo por un segundo, porque cuando se pone en la piel de un griego, o de un egipcio, y se imagina, por ejemplo, a las meninas colgadas en uno de los laterales, junto a los frisos o los sarcófagos, el resultado es un pensamiento inevitable.

Panda de piratas, tremendamente cultos y educados, pero piratas.

2 comentarios:

Hispa dijo...

¡Tiene cojones! Para ver el British en condiciones supongo que hará falta como una semana en exclusiva. Yo para una hora es que ni entro. En cuanto a piratas, los franceses no se quedan atrás, aunque estos últimos tienen la mayor parte del botín escondida en los sótanos del Louvre.

Yo, el día que quiera ver arqueológia sevillana tendré que irme a Nueva York, porque buena parte de lo expoliado aquí se encuentra en la Hispanic Society, gracias a Bonsor y a su amiguete Huntington.

Javi dijo...

Que quieres que te diga Hispa, yo fui a ver el British, no a luchar contra los elementos.

Saludos y gracias por tus visitas.