sábado, 18 de abril de 2009

Rompiendo la noche oscura




Rompiendo la noche oscura, los dos ojos brillantes del matemático se arriman al pequeño oasis de luz que emana de la vieja lámpara de aceite, buscan cobijo bajo su alcance y guían la tinta de la pluma mientras mancha de números el papel amarillento.

El genio no ha salido de la lámpara, ni es capaz de conceder tres deseos, pero si puede hacer magia, a su manera, mira el universo que le rodea y lo captura, intentando comprenderlo, desmontándolo primero en sus elementos mas esenciales, para poder reconstruirlo luego a su antojo como un niño que juega con fichas de madera.

Ramanujan alimenta su alma con números, igualdades, ecuaciones, potencias y raíces que, como en un bosque, brotan y crecen en su cabeza, libres, bellas e independientes de las normas y estructuras levantadas por el hombre, se muestran juguetonas, desafiantes.

Como a una particular ballena blanca las persigue sin descanso, olvidando su condición de mortal, quisiera que su cuerpo enfermizo no necesitara alimento, ni vestimenta, ni techo, se aferra a sus días de vida consciente de su fragilidad, se pierde voluntariamente en su mundo paralelo con un cuaderno lleno de borratajos bajo el brazo y un curiosidad infinita, capaz de mover montañas, capaz de contar la historia oculta de los números a unos congéneres que nunca podrán entenderle del todo.

No importa, no puede hacer otra cosa, no sabe hacer otra cosa, no quiere hacer otra cosa, salido de la miseria, sin estudios ni titulaciones académicas que adornen su sabiduría, su ciencia es autodidacta, salvaje, escapa del hambre, crece como la vida, en las condiciones más duras y difíciles, adaptándose al medio, ignorada por la estupidez humana durante años, hasta que una carta pidiendo ayuda y un inglés avispado llaman la atención del mundo sobre ella, evitan que los cuadernos de Srinivasa acaben calentando un mísero fogón.

El número e, π, la función theta, las series hipergeométricas, hasta cuatro mil teoremas en treinta y dos años de existencia, ecuaciones que viven dentro de él, que esperan pacientemente el momento de salir, para iluminar el mundo a través de unos ojos brillantes que, sin poder evitarlo, rompen la noche oscura.

2 comentarios:

Hispa dijo...

¿Quieres que el conocimiento de la especie humana avance de un tirón doscientos años? Entonces busca por el mundo a un grupo de dos o tres mil autistas de alto rendimiento y ponlos a trabajar en lo que más les gusta: matemáticas, física, química, música...

Es una desgracia y un símbolo de nuestra estupidez que millones de personas con talento languidezcan y mueran sin poder desarrollarlo, mientras unos cuantos gilipollas mueven los hilos de nuestro mundo.

Javi dijo...

Amen