martes, 5 de mayo de 2009

La mar que se fue




Cuando el viento sopla, la sal golpea el rostro de Yuri sin contemplaciones, zurce unas facciones arrugadas, curtidas, maltratadas a medias por el sol y el tiempo, se cuela entre sus párpados e irrita un lacrimal obsoleto, inútil, incapaz de derramar una sola lágrima más por el océano perdido, marinero en tierra, el viejo mira la estepa blanquecina y se pregunta que maldición le impidió morir con los suyos, como Dios manda, engullido por una mar que ahora solo habita en sus recuerdos.

Yuri camina, sin quererlo se adentra en el desierto, perdiendo sus pasos entre la arena, dejando tras de si unas huellas poco profundas, incapaces de hacer frente al viento, pasea sin rumbo buscando la sombra de los viejos barcos que hoy se oxidan como enormes esqueletos de ballenas metálicas, reducidos a polvo sobre el polvo, recostados, inclinados, naufragados en tierra, como enormes estatuas erigidas en honor de la infinita estupidez humana.

El agua no se fue, la robaron, cundo Yuri lo piensa aún nota como la sangre arde en su cuerpo anciano, los mismos idiotas de siempre, orgullosos, altivos, necios, cambiaron el curso del Amu Daria y del Syr Daria y mataron el Aral, malgastando el líquido vital que alimentaban su vida, regaron campos ajenos, lejanos y extraños, miraron indiferentes como poco a poco la mar se desecaba, se retiraba dejando tras de si una tierra inerte, contaminada, baldía, una salmuera cuarteada incapaz de sostener, generar o albergar vida.

Ahora no queda nada, pero cuando por un momento Yuri cierra los ojos, casi puede sentir de nuevo el suave balanceo de las embarcaciones, el olor a tabaco, pescado y algas, los sonidos de los hombres gritando, sobreponiéndose a la tormenta mientras desgarran sus manos entre cabos, redes y aparejos, el bullicio del puerto, la lonja y el gentío congratulándose por una buena captura.

Sonríe, están ahí, en lo más profundo de su alma, a buen recaudo, lejos de peligrosos prohombres e idiotas con poder, suficientemente ignorantes como para despreciar las consecuencias de sus actos, vivos mientras viva él, aunque solo sea para poder advertir a aquellos que les quieran escuchar la infinita belleza que atesora la más pequeña gota de agua.

2 comentarios:

Markos dijo...

Yuri es un superviviente. Trabajará en las enormes salinas que aparecerán entre los barcos varados en el fondo del antiguo mar, y morirá recordando como le salpicaba el agua del mar por la borda en cada cabecero de su embarcación.

Precioso texto.

Salu2

Javi dijo...

Sin duda que lo hará, gracias por el comentario

Saludos.