miércoles, 15 de julio de 2009

Matar al holandés




Charles Workman es como un puto jinete del Apocalipsis, pero sin montura, profesional hasta la médula entra en el Palace Chophouse de Newark tranquilo, con la intención de hacer cumplir la ley de un sindicato que no entiende más protestas que las que emiten, entre súplicas, ojos morados y mocos rojos, aquellos que se las dan de listos, aquellos que osan estafarles un mísero centavo, pobres diablos que con el tiempo irremediablemente lloran y se arrepienten, juran fidelidad eterna justo antes de hacer una ruta turística con pantalones de cemento por la rivera del Hudson.

El sindicato del crimen no acepta que nadie mee fuera del tiesto y Dutch Schultz lo esta haciendo, el holandés es un cabrón con pintas, de la vieja escuela, quiere tumbar al fiscal del distrito Thomas Dewey, por las bravas, sin entrar en razón, sin aceptar que matando a un picapleitos no se arregla nada, sólo se crea un héroe, sólo se atraen más hienas al olor de la sangre.

Dutch está por tanto condenado y a Workman los motivos en el fondo, se la sudan, él sólo mata, sin acritud, sin remordimientos; cuando entra en el restaurante acompañado de Emmanuel “Mendy” Weiss, huele a costillas y a cerdo, a vino picado y a desinfectante industrial, siete una presión en su vejiga y decide mear antes de trabajar, que no es plan de liarse a tiros apretando el esfínter, entra en el baño y mira en los cagaderos, mientras se baja la bragueta observa de reojo al tío que tiene al lado y sonríe, premio gordo, alejado de sus guardaespaldas, el holandés cambia el agua al canario ajeno a lo que se le viene encima, un pequeño trozo metálico caliente dispuesto a partir en dos su alma bastarda a cincuenta metros por segundo.

Schultz se encuentra con la muerte con la chorra en la mano, mientras se la sacude, mientras caen las últimas gotas doradas al suelo, la bala le atraviesa el pecho justo debajo del corazón, y el infierno se abre en el viejo restaurante, Workman sale del cuarto de baño y se encuentra con el contable Otto Berman, el guardaespaldas “Lulú” Rosencrantz y la mano derecha de Ducth, Abe Landau, todos tiran de hierro, todos le saludan con plomo caliente, Mendy dice pies “pa” que os quiero y sale por piernas, sin esperar a su colega, que se queda lidiando en solitario a tres toros encabronados.

Sin embargo Workman es bueno en su oficio, se caga en los muertos de Mendy y hace gala de su puntería, la primera del sus balas deja seco a Berman, que sabe mucho de números pero poco de arrastrar el culo por el suelo, la segunda se la endiña en las tripas a Abe, y la tercera secciona la yugular a “Lulú” el matón con nombre de francesita enamorada, que corre por la estancia convertido en una fuente roja.

Deja un reguero de destrucción tras él, con la satisfacción de un trabajo bien hecho sale a la calle entre una humareda que escuece los ojos, y en menos de diez minutos se caga por segunda vez en la madre que parió a Mendy, éste se ha largado con el coche, Charles se cala el sombrero, tira la pistola y se escaquea dándose un paseo, a patita.

Mientras, dentro del Palace Chophouse, cuatro gangsters dan sus últimos coletazos, herido de muerte, el holandés se arrastra fuera del baño deseoso de encontrar un lugar más digno para cantar el gorigori, desplomado sobre la mesa aguanta hasta recibir ayuda mientras observa como su mundo de putas, licor, estafas y metralletas Thompson, se funde a negro y lentamente se va al carajo.

2 comentarios:

Hispa dijo...

¡Ostia, qué bien contado!

¡Plas, plas, plas! Te doy una ovación, y no te doy la vuelta al ruedo porque podrías terminar con las rodillas desolladas, que el alvero es muy cabrón.

Javi dijo...

Siguiendo con el simil taurino, Muuuuuuuchas gracias...

¡Dios santo que chiste fácil mas chungo!

Saludos