jueves, 20 de agosto de 2009

La lluvia naranja




El buey está viejo, le cuesta caminar, cada vez que el maldito animal decide hacer un alto en el camino, a Dam Viet Thouc no el queda otra que dejarse los riñones empujando al bicho, fustigándole para que mueva sus enormes y desgastadas posaderas, de poco sirve, los bueyes son tercos, y el suyo, que un día fue la envidia del pueblo, ahora no es mas que un saco de huesos y músculos flácidos, un viejo remolón que se las sabe todas, que cuando se cansa, no avisa, directamente se para, bufa, muge y protesta como cagándose en los muertos de su amo.

A Dam Viet Thouc, le llevan los demonios, pierde la paciencia y promete a su viejo compañero de fatigas que en cuanto lleguen al pueblo lo va a hacer salchichas, hamburguesas para vendérselas a los soldados yankis a precio de saldo, como si le entendiera; da patadas y apenas consigue que se mueva un centímetro, desesperado grita, maldice, se olvida de que si el Vietcong le oye, se quedará sin animal y probablemente reclutado por la fuerza, y si son los americanos los que le oyen, entonces se quedará sin piernas, sin cabeza y engordando estadísticas al final de un informe.

Malditos locos, cuando por fin, Dam Viet Thouc se tranquiliza, entiende que le guste o no, le va a tocar esperar, se sienta sobre una raíz enorme de un árbol de teca, un gigante anciano de mas de veinte metros de altura cuya copa oculta el sol, bajo su sombra escucha los sonidos del bosque, cantos de pájaros, de monos, de reptiles y rugidos de fieras de ojos brillantes, la música de su infancia, un bálsamo sonoro que ahora le alivia, le transmite una paz perdida hace demasiado por motivos que jamás alcanzará a comprender.

Y de repente, el silencio.

Cuando la selva se calla, no es presagio de nada bueno, cuando los animales buscan mudos su refugio, es que el demonio los sobrevuela, la calma que precede a la tempestad llega un segundo antes que el zumbido entrecortado de los grandes pájaros metálicos, un estruendo corta el aire y encoje el alma, progresivamente aumenta su volumen hasta volverse ensordecedor.

Aterrado, Dam Viet Thouc se abraza a su viejo compañero, le pide perdón por haberle pegado, mientras lo hace, nota como sus piernas comienzan a temblar y su corazón se convierte en una ametralladora, ha visto lo que los helicópteros hacen, los rostros carbonizados y retorcidos de aquellos que osaron ponerse en su camino, con un poco de suerte pasarán de largo, con un poco más de suerte, una bomba de doscientos quilos de Napalm no caerá sobre su cabeza.

A Steve nunca le dejarán de asombrar los amaneceres en el culo del mundo, con sus gafas tintadas modelo Ray Ban, mira de reojo al sol, viéndole despuntar en el horizonte, arqueando las cejas y entornando los párpados, observa al gran astro situarse entre el manto verde y la bruma, produciendo bellos resplandores mientras él gira los mandos, mientras, el enorme UC-123 da la espalda al sol y enfila lentamente hasta las marcas de humo rojo que los helicópteros de escolta han prendido sobre la selva.

Con las corrientes de aire caliente, el bimotor cabecea, tiembla como si tuviera prisa por soltar los miles de litros de veneno que guarda en sus entrañas, el vuelo es casi rasante, lo cual quiere decir que la panza verde del pájaro es una perita en dulce para los Charlys, así que mas vale acabar cuanto antes no vaya a ser que una ráfaga made in Rusia le vuele los huevos o le mande a criar malvas antes de tiempo.

Pasada la señal roja, es el momento, Steve hace un gesto a su copiloto James, que gira lentamente la llave de paso del sistema de fumigación, en ése instante una bella estela naranja de veneno impregna el aire, queda suspendida cayendo mansamente hacia la tierra, hacia los bosques milenarios que se dispone a destruir.

Dam Viet Thouc mira hacia el cielo, algo raro sucede, una lluvia extraña cae sobre su cabeza, es densa, aceitosa, huele como si hubiesen mezclado diesel e insecticidas, le empapa, cala sus músculos temblorosos y su ropa de campesino, cuando el ruido se aleja, el hombre se mira y no da crédito a su buena suerte, ha salido de una pieza después de su encuentro con los pájaros del demonio, sin duda la fortuna le sonríe.

Mientras, Steve nota como le pican los ojos y la garganta, el líquido que están soltando le hace carraspear y escupir en un pañuelo, después de hacerlo mira a James y pregunta:

-Esta mierda no será tóxica, ¿no?

-No, sólo mata las plantas, las deja secas como la piernas de mi abuela.

-¿Seguro?

-Eso dice el capitán, según él puedes hasta beberlo que no te hará nada, es como agua.

-Pues huele a mierda y sabe a mierda.

-Ya, pero si fuera tóxico no nos harían soltarlo sin ninguna protección, no serían tan hijos de puta, ¿no?

No hay comentarios: