miércoles, 28 de octubre de 2009

El coco del presidente


Biuku y Eroni están en guerra, quien lo diría, guerra en el paraíso; locura importada por el hombre blanco y sus enemigos de ojos rasgados, desgracia que llegó sobre las cubiertas de los grandes buques metálicos, golpeando su pequeño mundo cristalino como un huracán, destruyéndolo todo, de repente, sin motivo, tiñendo de rojo el gran azul de su infancia.

Biuku y Eroni han elegido bando, o mejor dicho, un bando les ha elegido a ellos, un mal día, alguien llegó a su diminuto poblado, un desconocido de pelo amarillo que les dio armas y les dijo que estaban reclutados para mayor gloria de la democracia, que a partir de ése momento debían hacer lo que él ordenara, cosa curiosa, ellos no saben muy bien que será eso de la democracia, ni falta que hace, no lo necesitan para navegar sobre su cayuco, como siempre han hecho, lenta y silenciosamente, de isla a isla, sólo que ahora con un par de metralletas Thompson bajo las redes y unos ojos que ya no buscan peces, sino barcos japoneses.

Cuando Biuku y Eroni se encuentran con John en Olasana, a punto están de meterle un tiro al yanki entre pecho y espalda, que los blancos desde lejos son iguales y todos los angelitos van al cielo, por suerte para John, no lo hacen, por suerte para él, a los dos nativos les han mandado buscar náufragos, supervivientes del encontronazo en mitad de la noche entre una minúscula torpedera americana y todo un señor acorazado japonés.

Así que ahí están, John y sus diez hombres, después de haber nadado cuatro kilómetros entre tiburones, aún con el susto en el cuerpo, deshidratados, heridos y hambrientos, junto con Biuku y Eroni, en un islote perdido del pacífico, como viejos amigos en un día de playa, tostándose al sol, intentando entenderse con ellos por signos, intentando encontrar la manera de meterse trece tipos en una canoa para dos.

Imposible, los nativos tendrán que ir a buscar ayuda, John gesticula, Biuku le observa, minúsculo y desgarbado, aún con cara de adolescente, no entiende una sola palabra de lo que dice, el teniente se desespera, busca la manera de escribir una nota pero no hay ni papel ni lápiz, resopla, maldice, al final Biuku trepa a lo alto de un cocotero, baja con un coco y se lo ofrece a su superior, el teniente sonríe y sobre el coco, con la punta del cuchillo escribe con cuidado:

"NAURO ISL COMMANDER... NATIVE KNOWS POS'IT...HE CAN PILOT... 11 ALIVE NEED SMALL BOAT... KENNEDY".

Biuku sonríe primero, ríe después, mientras se vuelve a su cayuco con el mensaje en el coco, remarán unas cuarenta millas, volverán con ayuda, cosas de la vida, desconoce que, en ése momento le está salvando el culo John Fitzgerald Kennedy, futuro trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América.

2 comentarios:

Markos dijo...

Se ve que Kennedy venía señalado por la muerte desde atrás...probablemente cuando le dieron la primera comunión vino ya estaba envenenado, pero se le cayó al cura...:-D
Como de costumbre un relato que da gusto leer.
Salu2

Javier Font dijo...

Ja ja, si señor, el mal fario de los kennedy, aunque si lo piensas, cuantas miles de historias como estas habrán pasado de largo en la historia sólo por que no implicaron a gente famosa..

saludos y gracias por tus comentarios, Markos.