domingo, 4 de octubre de 2009

Vida de perros




J no tiene más de dieciséis años y ya no espera otra cosa del mundo aparte de que siga girando con pasmosa regularidad, tumbado sobre la hierba de el parque de Buenavista, dominando Haight Ashbury con la mirada, desde su castillo de tierra y hojas, como un rey sin corona, siente que, hasta donde alcanza la vista de alguna manera es suyo, le pertenece, es su hogar, son sus dominios, un lugar donde las hormigas corretean sobre su cuello, donde el cielo es azul y donde el sol luce en lo alto, inalcanzable, benefactor, calentando su careto demacrado sin pedir nada a cambio, llegados a éste punto, sabe que en un día de suerte no debe pedir mucho más, tan solo quizás que alguno de los turistas con cara de lerdos que cruzan frente a él se tire el moco y le suelte un par de pavos y algún cigarrillo con el que acompañar el par de cogollos de marihuana que desde hace dos días guarda como un tesoro cerca de sus huevos, envueltos en una bolsita de plástico a salvo de compañeros de calle y de registros inoportunos, esperando el momento perfecto para celebrar que hoy es hoy, con un globo grande y bonito que le aleje de la cruda realidad, de éste mundo ingrato donde nadie está dispuesto a hacer nada por nadie si no es a cambio de un papel verde con la foto dibujada de un muerto, el autentico motor del ser humano sobre el planeta tierra.

J se levanta y recoge el saco de dormir en el que vive, lo dobla primorosamente sobre si mismo dándolo forma de cilindro, enganchándolo a la parte superior de su mochila, por su edad, cualquiera que le vea podría confundirlo con un boy scout de no ser por la capa de dos dedos de mierda que recubre su cara imberbe, de no ser por los piojos y el olor ácido que le envuelve, de no ser por sus pantalones vaqueros rotos y por su melena pegajosa, sonríe, se echa la bolsa al hombro, su patrimonio en treinta litros de capacidad, desciende por la colina y lanza un beso burlón a la patrulla del SFPD que le mira atentamente y aminora la marcha del coche al pasar a su lado, tose, escupe, se rasca, vuelve a sonreír y pide un par de cuartos de dólar al tipo que asciende paseando a los perros desde Castro St, nota el desprecio en su mirada, lazy boy le llaman, a él y a los suyos, los chicos perezosos, que si no trabajan es porque no quieren, que si duermen en la calle y pasan frío es porque les da la gana, porque en el lugar donde reside el sueño americano no hay mayor pecado que el ser un vago, no hay mayor crimen que el no convertirse en un hombre hecho a si mismo, no hay mayor fracaso que no hacer crecer y multiplicar los billetes de tu cartera, los ceros en tu cuenta.

Como si no hubieran otros factores en la ecuación, como si el hecho de que a uno le puteen desde el minuto cero de su existencia no influya en las decisiones adoptadas, mejor las ratas y las pulgas que un padre borracho y violento, mejor las estrellas de techo que una somanta de puñetazos antes del anochecer, mejor un infierno en libertad que un infierno en cautividad.

Mientras desciende a paso ligero, J piensa en el tipo de los perros, dos Yorkshire enanos limpios como la patena, con sus vestidos de encaje, su pelo recién lavado y cepillado, llevados en brazos por su dueño, no sea que se lastimen sus bonitas pezuñas, J dibuja una mueca en su cara, jodidos perros, seguro que duermen caliente, seguro que comen caliente, seguro que si enferman, alguien acudirá rápido a atenderlos.

Mierda de chuchos, no saben lo que es una auténtica vida de perros.

Pd: Hogar dulce hogar, comida de verdad, atún con tomate y potaje de patatas con almejas, Dios existe, inventó la tortilla de patata, y lo hizo en España, lugar en el que me encuentro después de 15 días de viaje, muchas historias en la cabeza y treinta mil kilómetros bajo mi culo, espero que éso suponga recuperar la frecuencia normal de publicaciones, saludos.

2 comentarios:

Hispa dijo...

The american dream is often a nightmare for many people.

Me alegro de que hayas vuelto a la civilización. Saludos.

Javi dijo...

Hogar dulce hogar, uno no aprecia del todo las pequeñas cosas de este país hasta que no se larga fuera una temporadita, supongo que hasta cierto punto viajar es terapéutico, y necesario.

Saludos Hispa