domingo, 26 de diciembre de 2010

El hombre de la pistola de juguete.



Cuando Sam Cahone abre la puerta metálica, ésta se gira lentamente, oxidada, suena como la campana de la iglesia en un día de primavera, Sam es un guarda viejo, entrado en carnes, con más de seis décadas entre pecho y espalda, desarmado carga con una gran caja repleta de jabón para los presos, para que estén limpitos, el peso del bulto hace crujir sus huesos, que hoy duelen especialmente con la lluvia fría de este invierno tardío, antes de entrar en el recinto le hace una confidencia al oído a su amigo Jonny Walker que escucha atento, después camina por la rampa hasta el nivel inferior, donde cuarenta angelitos le miran con desdén, anda unos metros hasta que se cruza con el señor John Dillinger, éste le observa, se acerca y sonríe antes de clavar una pistola en sus costillas y susurrar en su oído haz lo que yo te diga o te mato.
Mierda, maldita sea, Sam no está para estos trotes, mira de reojo al hierro y se pregunta cómo demonios ha conseguido el enemigo público número uno un arma de fuego dentro de la trena, después asiente y colabora, llama a Blunk, escucha y obedece, su compañero Blunk aparece por la puerta y desciende malhumorado, resulta que no va armado y resulta que no es un héroe, tarda dos minutos en verse encañonado y obedeciendo, una sencilla operación que se repite, hace caer uno por uno a todos los guardas, Warden Lou Baker, Kenneth Houk, Marshall Keithley y Mack Brown.
La situación se complica, presos haciendo presos a los guardas, pero todos mirando de reojo a Dillinger y acatando sus órdenes, que para éso es el número uno, éste actúa tranquilamente, encierra los carceleros en una celda y pasa al piso superior, llevándose a Blunk y a un negro llamado Youngblood que tiene todas las papeletas para ser frito en la silla eléctrica en un par de meses, el ladrón revisa la cárcel recolectando en cada habitación un nuevo puñado de rehenes, hasta treinta tipos que con cara de susto desfilan de arriba a abajo, en orden militar, con caras lívidas, bocas secas y culos prietos; pensando en el papelón que están haciendo; así los fugitivos se dan el piro, llegan hasta las cocheras pero no encuentran las llaves de los vehículos, no queda otra que salir por la puerta a patita, pero antes de hacerlo Dillinger se para, cae en la cuenta de que esta sin un triste dólar y decide volver sobre sus pasos, entra de nuevo en el pabellón inferior y coloca a sus rehenes en fila, hace una colecta, sólo metálico por favor; alivia las carteras de los funcionarios y antes de irse definitivamente les enseña al personal la pistola con la que les ha capturado, un trozo de madera tallada y coloreada con betún y cargada con balas de aire, “¿Veis pequeños monos con los que os he encerrado?, no es mas que un juguete, en fin, hasta luego chicos, he de irme”.
Se larga, deja a los chicos buenos hacinados en el talego, recoge un par de metralletas Thompson por si las moscas y con Blunk de rehén sale hasta la calle principal de Crown Point a pie, hasta que, unos cientos metros más allá se da de bruces con un garaje en que descansa el coche de la Sheriff Lillian Holly, un precioso Ford V8 en el que monta y que se lleva prestado dejando a todos con un palmo de narices.
Dos meses antes Lillian Holly había dicho que la cárcel de Crown Point era la más segura de américa, John Dillinger probablemente piensa en ello mientras aprieta el acelerador en su camino hacia un lugar llamado leyenda.

Historia vía wiki y el libro"Dillinger, the untold story"

domingo, 12 de diciembre de 2010

Hecho en Inglaterra, talla mediana.


Cuentan que durante la segunda guerra mundial, los soldados rusos comenzaron a andar cortos de preservativos, así que los altos mandos del ejército rojo, aterrados ante la posibilidad de una epidemia masiva de sífilis o gonorrea entre sus tropas solicitaron a sus aliados ingleses un cargamento extra de condones; cuentan que cuando se enteró Winston Chruchill, inmediatamente ordenó que se fabricaran los profilácticos y se sirvieran con carácter de urgencia, sólo que con un tamaño un palmo más grande de lo normal y con una etiqueta enorme en la que ponía, “HECHO EN INGLATERRA, TALLA MEDIANA”.

La historia es divertida, apócrifa y probablemente falsa, la cuenta el escritor Tony Perrotet en el libro “Napoleón´s Privates” editado en España como “2500 años de historia al desnudo”.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El día en que se propuso a Hitler para el Nobel de la paz



El 27 de enero de 1939 Europa esta hecha una mierda, con España desangrada, Francia e Inglaterra acojonadas y Rusia, Alemania e Italia en manos de psicópatas, el camino gira directo hacia el precipicio; en ése contexto alguien tiene la luminosa idea de proponer a Chamberlain para el premio Nobel de la paz, el mismo inglés bienintencionado que lleva años intentando apaciguar a la bestia con caricias, el mismo tipo al que Hitler toma el pelo una y otra vez sin pudor alguno; la propuesta levanta ampollas entre la gente que ya se huele lo que viene, entre ellos a Erik Brandt, miembro del parlamento sueco que decide, como irónica señal de protesta proponer a Adolf Hitler para el mismo premio; ése día escribe lo siguiente:

“Para el comité Noruego del parlamento:

Adolf Hitler, El hombre de la Paz

El abajo firmante se permite sugerir respetuosamente que el Nobel de la Paz de 1939 se otorgue el canciller y Führer alemán Adolf Hitler, el cual, según la opinión de millones de personas, se merece más que cualquier otro hombre en todo el mundo este prestigioso premio.
Se ha documentado que la auténtica paz en el mundo estaba en peligro; en 1938, faltaron horas antes de la ruptura de una gran guerra europea. El individuo que en esta peligrosa situación protegió nuestro continente de ésa horrible catástrofe fue, sin duda, el genial líder del pueblo alemán, quien en el momento crucial voluntariamente se abstuvo de dejar la bomba explotar, a pesar de que tenía el poder para librar la lucha.
Por su amor ardiente de la paz, como ya ha quedado documentado en su famoso libro "Mein Kampf" - en segundo lugar en calidad tal vez sólo detrás de la Biblia, el libro de más fina y más amplia distribución -, por su extraordinaria intención en el uso exclusivo de medios pacíficos, sin derramamiento de sangre, (para incorporar Austria a Alemania, Adolf Hitler se abstuvo de usar la violencia durante la liberación de sus compatriotas nostálgicos en los Sudetes) y por su búsqueda legítima para hacer su patria grande y poderosa. Es muy probable que el día en que los belicistas ya existentes dejen descansar a Hitler, éste sea capaz de seguir adelante con su propósito concebido en la infancia, y dentro de un plazo razonable de tiempo pueda pacificar Europa y quizás del mundo entero.
Hay, sin embargo, un número por desgracia alto de personas que no ven la magnitud de los esfuerzos de paz de Hitler, y yo por consideración a este hecho he presentado a Hitler como un candidato para el Nobel de la Paz. Premio para el que que un número de miembros del Parlamento sueco ha sugerido otro candidato, a saber, el primer ministro inglés Neville Chamberlain. Esta sugerencia parece poco meditada. Sin duda, es cierto, que Chamberlain realizó extraordinarios esfuerzos de paz con Hitler que han contribuido a mantener la paz mundial, ¡Pero la decisión final fue, sin embargo, de Hitler y no de Chamberlain! Hay que agradecer a Hitler y no a ningún otro el hecho de que todavia tengamos paz y un futuro en la mayor parte de Europa.
Debido a los méritos indiscutibles de Chamberlain en el trabajo por la paz, sería posible que una parte más pequeña del Premio de la Paz le fuese otorgado a él, pero lo correcto sería, que ningún nombre estuviera al lado de Adolf Hitler y proyectase una sombra sobre él . Adolf Hitler, es después de todo el luchador por la libertad más increíblemente dotado y millones de personas le miran como como al príncipe de la paz en la tierra.

Estocolmo, 27 de enero 1939
EGC Brandt, miembro de la Primera Cámara del Parlamento”

Carta cargada según los suecos de una fina ironía, demasiada quizás, tanta que miles de descerebrados en Europa se la tomaron en serio, sumándose entusiastas a la propuesta.

Historia vista aquí y aquí, (el primero esta en sueco pero no hay quien pueda con el traductor de google).

sábado, 4 de diciembre de 2010

El auténtico Doctor Farnsworth.


El auténtico Doctor Farnsworth, allá por 1927, fue el primer investigador que pudo transmitir una imagen totalmente electrónica comprimida en sesenta lineas horizontales, el origen de la televisión, la primera que envió fue una línea recta, la segunda, el símbolo del dólar; sin duda, el buen doctor podría haberse hecho multimillonario con el nefasto invento gracias al cual hoy en día somos felices siguiendo de cerca la azarosa vida de Belén Esteban, pero no tuvo demasiada suerte, entre la gran depresión, la segunda guerra mundial y algún que otro competidor avispado, sus patentes caducaron antes de que cada hogar americano comprara su caja tonta.
Mala suerte, murió viejo, olvidado, alcoholizado y deprimido; en 1957 hizo una de sus pocas apariciones frente al monstruo que había ayudado a parir, en un concurso televisivo llamado I´ve got a secret, en el cual, presentado como Dr X, (dicen que a cambio de 80 dólares y un cartón de tabaco), respondió a las preguntas de los avispados concursantes que desesperados querían adivinar su secreto, una de ellas fue la siguiente “¿ha inventado usted una máquina cuyo uso puede ser doloroso?”
Buena pregunta, clara respuesta, Farnsworth contestó “Si, a veces puede ser muy dolorosa”.

Historia vía Wiki y Time Magacine

jueves, 2 de diciembre de 2010

Pedro picapiedra fuma Winston.

Está claro, cuando uno vive en el pleistoceno y llega a casa agotado después de picar piedra todo el día, no hay nada como escaquearse del trabajo doméstico con un Winston extra largo entre las manos...

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Por favor, dígame la verdad, ¿existe Santa Claus?


En otoño de 1897 Francis Pharcellus Churrch editor del diario “The sun” abre en su despacho una carta complicada de responder, está remitida por una niña de ocho años llamada Virginia y dice así:

Estimado Editor,
Tengo ocho años de edad. Algunos de mis amigos dicen que Santa Claus no existe. Papá dice: "Si lo ves en “The sun” existe". Así que, por favor, dígame la verdad, hay un Papá Noel?
Virginia O'Hanlon.
115 San W.95th

Francis resopla, lo más sencillo sería tirar la carta a la basura y a otra cosa mariposa, pero sin embargo se ve en la obligación de responder, lo hace con el siguiente editorial (traducción libre).

Virginia, tus pequeños amigos están equivocados. Ellos son escépticos en una era escéptica. Ellos no creen, excepto lo que ven. Piensan que nada puede existir si no es comprensible por sus pequeñas mentes. Todas las mentes, Virginia, ya se trate de hombres o de niños, son pequeñas. En este gran universo el hombre es un mero insecto, una hormiga, en su intelecto; en comparación con el mundo sin límites sobre él, como si poseyera una inteligencia capaz de captar toda la verdad y el conocimiento.
Sí, Virginia, hay un Papá Noel. Él existe con tanta certeza como el amor y la generosidad y la devoción, y tú sabes que éstos abundan y dan a tu vida su mayor belleza y alegría. ¡Ay! qué triste sería el mundo si no existiera Santa Claus. Sería tan monótono como si no hubiera Virginias. No habría fe infantil, ni poesía, ni romance para hacer tolerable esta existencia. Sólo podríamos disfrutar con el sentido de la vista. La luz eterna con que la infancia llena el mundo se extinguiría.
No creen en Santa Claus! Puede ser que no creas en las hadas! Puedes pedir a tu padre que contrate a hombres para poder vigilar todas las chimeneas en Nochebuena y así atrapar a Santa Claus, pero incluso si no ves a Santa Claus descendiendo, cual es el resultado? Nadie ve a Santa Claus, pero eso no quiere decir que no exista Papá Noel. Las cosas más reales en el mundo son aquellas que ni los niños ni los hombres pueden ver. ¿Has visto las hadas bailando sobre el césped? Por supuesto que no, pero eso no es prueba de que no estén allí. Nadie puede concebir o imaginar todas las maravillas que permanecen ocultas en el mundo.
Puedes romper el sonajero de un bebé y ver que es lo que genera el ruido, pero hay un velo que cubre el mundo invisible que ni el hombre más fuerte, ni siquiera la fuerza unida de todos los hombres más fuertes que jamás haya existido, podría romper. Sólo la fe, la poesía, el amor, el romance, puede hacer a un lado de la cortina y ver y contemplar la belleza celestial y la gloria más allá. ¿Es todo real? Ah, Virginia, en todo este mundo no hay nada más real y perdurable.
Que Santa Claus no existe! Gracias a Dios! vive, y vive para siempre. Mil años a partir de ahora, Virginia, es más, diez veces diez mil años a partir de ahora, él continuará alegrando el corazón de la infancia.


Entrada vía Trivia library y Letters for note, dedicada con todo el cariño a Hispa e Irreductible, y a todos los escépticos que leen este blog, seguro que os han encantado las palabras del viejo editor.

martes, 30 de noviembre de 2010

Náufrago

Es luna nueva, Poon Lim observa el reflejo del satélite sobre su mundo azul, escapándose tras el horizonte mientras amanece, desahuciado y deshidratado sonríe, piensa por un segundo en los primeras semanas de su naufragio, cuando aún contaba los días y no las lunas nuevas, hace un lento cálculo mental y se da cuenta de que, si no falla su cabeza recalentada por el sol, son cerca de tres meses el tiempo que lleva flotando como un corcho a la deriva, en mitad de la nada, sobre un océano que le maltrata, le transporta y le alimenta con sus despojos, a los lomos de un tirano que parece querer jugar con él como jugaría un gato con un ratón, divirtiéndose antes de devorarlo.
Poon Lim tiene sed, siente que el sol parece haber secado hasta la última gota líquida de su pequeño cuerpo, una sed que araña, se clava en su garganta y en sus labios cortados y agrietados, una sed que se ríe a carcajadas, que le confunde y le susurra al oído, que fácil sería alargar un poco la mano y beber del planeta líquido y salado que le sostiene, fácil y mortal, el hombre perdido mira al cielo, busca una señal, una respuesta en forma de nube, de lluvia bendita, una promesa de agua dulce; es inútil, el cielo es un espejo de la mar, impoluto azul sin traza de blanco, gobernado por un anticiclón maldito que poco a poco le está matando; Poon mira por la borda, también está hambriento, limpia con meticuloso cuidado el anzuelo artesanal que periódicamente le alimenta y decide volver a probar suerte, coloca una cabeza de sardina sobre la pieza que ha fabricado a partir de las tripas de una linterna, y atraviesa con el metal curvo los ojos del pez dejándolo oculto entre su cabeza, está listo, pero un segundo antes de lanzarlo aborta su idea al ver una inconfundible aleta chapotear en el agua, aquí siguen, piensa Poon Lim, esperando un descuido o un golpe de mar, esperándome a mí, el náufrago sabe que con los tiburones, la pesca se esfuma, sabe que ellos anhelan el premio gordo, uno con forma humana, son pacientes, sabe que fue él mismo el que los atrajo cuando hace demasiados días, tras navegar sobre un banco de sardinas, comió hasta saciarse, pero dejó tras de si un suculento aroma de tripas de pez que ahora le martiriza.
Maldita sea su estampa, cierra los ojos, si no comes o bebes morirás, se dice y cuando más desesperado está, vuelve a abrirlos para encontrarse un punto negro sobre el horizonte, un punto alado que se hace cada vez más grande y le sobrevuela intrigado, en círculos, es un albatros, es una pieza de carne con alas, Poon reacciona, amontona los restos de pescado que aún le quedan en un lateral de la balsa y se esconde acurrucado bajo una lona, el pájaro observa el asunto y decide posarse para comer un tentempié gratuito, Poon está de suerte, moviliza sus últimas fuerzas, salta como un felino y atrapa a la majestuosa ave, la agarra por el cuello y la degüella con sus dientes, bebe su sangre preciosa y come su carne cruda, ingiere alimento y líquido para sobrevivir otro día más.
Poon Lim vivirá para contarlo, 133 días de naufragio y mil doscientos kilómetros a la deriva, hasta que se encuentre de milagro con unos pescadores brasileños, tras su rescate aparecerá en los periódicos de medio mundo, recibirá honores y enhorabuenas, alguien le comentará que su historia ha marcado un récord de supervivencia y él simplemente contestará “espero que nadie tenga que superarlo”, por suerte así ha sido, desde 1943 hasta hoy.

Historia vía Wiki y Kurioso

domingo, 28 de noviembre de 2010

Una medalla para el palomo cojo.


El trece de octubre Charles y los suyos están con la mierda al cuello, desde su trinchera puede observar el vacío más absoluto en la estrecha franja de unos sesenta metros que les separa de los alemanes; sin esfuerzo, en los escasos momentos en los que ellos cogen aliento antes de continuar con la escabechina, Charles casi puede escuchar sus susurros, sus toses, sus voces apagadas, casi puede sentir el temblor de sus extremidades antes del ataque, el pavor en sus tripas antes de saltar a esa pequeña fracción del planeta tierra trazada de plomo caliente y fuego, de carnes abiertas y rojo mezclado con barro, casi puede oler el humo de su tabaco, mezclado con la peste de los muertos, propios y ajenos, amigos y enemigos que ahora se amontonan en posturas grotescas, como muñecos de cera destrozados, pálidos y putrefactos, esperando su compañía.
Charles contabiliza a los suyos, unos doscientos hombres útiles, seres capaces de cargar, apuntar y disparar, así por lo menos hasta que les maten o se acaben las balas y las granadas, después solo quedará defenderse con piedras, con escupitajos e insultos, es lo que hay, es lo que queda en un lugar, el bosque de Argonne, que sin duda en algún momento fue bello, antes de que el mundo se desquiciara, Charles bebe y mira su cantimplora vacía, gotas que saben a manjar de Dioses, se relame mientras sus tripas rugen, rugido que se pierde en el aire, fundiéndose con el inconfundible silbido de las bombas que llegan, Charles grita y todos buscan integrarse con la madre tierra, media docena de obuses caen aquí y allá diseminados por obra y gracia de la física, de la gravedad y la tecnología, bombas americanas, fuego amigo que mata igual que el enemigo, porque rodeados como están, los suyos ni siquiera saben bien donde apuntar.
Pronto la lluvia cesa y las explosiones dejan paso a los gritos de los heridos, que los muertos son silenciosos, Charles grita también, jura que desearía matar al tipo que dirige su artillería y decide jugar su última baza, las últimas tres palomas mensajeras capaces de volar sobre el cerco y volver a zona segura, transportar su posición, escribe un mensaje y lo coloca sobre una de las patas, libera al animal que vuela unos metros hasta que es avistado, disparado con saña por los alemanes, una lluvia de balas que en cuestión de segundos pulveriza al pájaro, lo convierte en una masa de plumas y carne que cae a plomo, entre risas con olor a chucrut, Charles coge al segundo bicho, repite la operación y lo manda al matadero con idéntico resultado, maldice y elige al último, un palomo bautizado con el nombre de Cher Ami, al que adosa a su cuerpo una nota que dice:
“Estamos a lo largo del camino en la posición 276.4, nuestra artillería nos está bombardeando directamente, por el amor de Dios, deténganla.”
Charles está de suerte, la paloma vuela, es recibida con una cortina de balas, una de ellas pulveriza su pata, otra atraviesa su ala, pero el animal aguanta, cae y remonta el vuelo despiezada pero viva, transmite el mensaje del batallón perdido.
Cosas del mundo cruel, Cher Amí es un puto héroe, palomo alado, cojo y con plumas, pero un puto héroe que recibe por su acción la cruz de guerra con hojas de roble, maltrecho será transportado de nuevo a los EEUU, donde espichará por sus heridas, después será disecado y mostrado al mundo en el Instituto Smithsonian, por los siglos de los siglos, como muestra inapelable de lo terriblemente idiota que es el ser humano.



Historia vía wiki y letters for note.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Las cicatrices de Capone


Al es un tipo listo, sólo que a veces piensa con la polla, cuando Frank Gallucio entra por la puerta del Harvard Inn, sus ojos de gorila se detienen en el nuevo cliente apenas un par de segundos, suficiente tiempo como para catalogarlo dentro de la gran familia de los pringados con suerte, después, su mirada continúa sin disimulo su lento caminar hasta el bello trasero de las dos acompañantes de Frank, dos morenas de piernas eternas que responden a los nombres de Lena y María, Al suspira, silva y resopla, se relame, mira a Frank y piensa que el muy capullo es demasiado afortunado, ellas son demasiado para él, una es suficiente, Al no sabe que Lena es la hermana pequeña de Frank, su ojito derecho, podría llegar a sospecharlo de mantener su raciocinio intacto, pero a cada segundo que pasa, su cerebro va perdiendo funciones en favor de su miembro viril que engrosado, ya ha decidido que esta noche no va a dormir solo.
Al mira a Lena, y cuanto más la mira, más se sonroja ella, más incómoda se siente, es una chica decente, es una chica inocente, algo que sólo consigue poner más y más cachondo a Al, que decide abandonar la barra y acercarse a la muchacha, entrar al ataque como sólo un pitbull puede hacer, diciéndola:
“Cariño, tienes un bello culo y esto que te digo es un cumplido... créeme”.
Al sonríe, va sobrado, es pequeño y rechoncho, pero fuerte, como un jodido perro de presa que después de todo se gana el pan partiendo cráneos, mira de reojo a Frankie y espera su reacción, observa a cámara lenta cómo éste procesa sus palabras y entra en erupción.
“Que mierda estás diciendo, va a ser mejor que te disculpes”
Al sonríe, Frankie es previsible, sigue sonriendo, gana un par de metros y espera, un par de metros más y antes de que se de cuenta, el tipo estará contando sus dientes en el suelo.
“Tranquilízate colega, estoy bromeando”.
Frank Gallucio no esta para bromas, se embala como un obús y en ése momento Al carga, lanza el primer golpe pero ahostia al aire, se da cuenta que quizás ha infravalorado las pelotas y la rapidez de Frank cuando lo ve echarse la mano al bolsillo, sacar una pequeña navaja y hacer tres sietes en su lindo careto; Frank apuñala con velocidad pero con poca precisión, busca el cuello de Al pero como lleva un par de copas encima encuentra su cara, en cuestión de segundos alguien les separa y Al el gorila cae, muerde el polvo convertido en un surtidor de sangre.
Al Capone recibirá treinta puntos de sutura en su redecorado rostro y una exigencia por parte de los capos para pedir perdón a la muchacha y no buscar venganza contra su hermano, años después, cuando ya sea jefe de la mafia en Chicago, seguirá avergonzado por sus cicatrices, se inventará historias acerca de su origen, como que se las hizo en la primera guerra mundial o que fueron causadas por un barbero inútil, usará polvos de talco para ocultarlas y evitará que las fotos las tomen desde su lado izquierdo, sus amigos y enemigos lo llamarán, siempre a sus espaldas, “caracortada”.

Historia via libro "Public Enemies" de William Helmer. 

sábado, 20 de noviembre de 2010

El pato Donald contra el Führer


En 1943 la segunda gran guerra sigue su negro curso, favoreciendo lentamente a unos aliados que comienzan a ver una tenue luz al final del túnel; ése año se desmorona el Afrika Korps, cae buena parte de Italia y en el pacífico, los japoneses comienzan a dejar bien claro que saben luchar hasta la muerte, hasta el último hombre; el tío Sam echa cuentas, comienza a darse cuenta de que realmente puede ganar, pero con con mucho dolor y sufrimiento por delante, aún debe mandar a muchos marines a la trituradora, no se puede permitir el lujo de desfallecer, necesita mantener alta la moral de su gente y así, usa todos y cada uno de sus recursos, entre ellos la animación, entre ellos al pato Donald, al que no le queda otra que coger su fusil e implicarse de lleno en la propaganda; todo para poder enseñarle al mundo lo terrible que es la alienada vida diaria de un sufrido súbdito del Führer en la tierra de los nazis.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sálvese quien pueda





  "Puedo volver ,
Puedo callar
Puedo forzar la realidad
Puedo doler
Puedo arrasar
Puedo sentir que no doy mas
Puedo escurrir
Puedo pasar
Puedo fingir que me da igual
Puedo incidir
Puedo escapar
Puedo partirme y negociar la otra mitad

Puedo romper
Puedo olvidar
Puede comerme la ansiedad
Puedo salir
Puedo girar
Puedo ser fácil de engañar
Puedo joder
Puedo encantar
Puedo llamarte sin hablar
Puedo vencer
Puedo palmar
Puedo saber que sin vosotros puede más

Puede ser que mañana esconda mi voz,
Por hacerlo a mi manera
Hay tanto idiota ahí fuera
Puede ser que haga de la rabia mi flor,
y con ella mi bandera
Sálvese quien pueda

Puedo torcer
Puedo lanzar
Puedo perderme en la obviedad
Puedo servir
Puedo cansar
Puedo saber que sin vosotros puede más

Puede ser que mañana esconda mi voz,
Por hacerlo a mi manera
Hay tanto idiota ahí fuera
Puede ser que haga de la rabia mi flor,
y con ella mi bandera
Sálvese quien pueda

Puedo, torcer, lanzar, perderme en la obviedad,
sentir, cansar, saber que sin vosotros puede más

Puede ser que mañana esconda mi voz,
Por hacerlo a mi manera
Hay tanto idiota ahí fuera
Puede ser que haga de la rabia mi flor,
y con ella mi bandera
Sálvese quien pueda"


sábado, 6 de noviembre de 2010

Retratos del mundo flotante

Hacia 1887, Vincent Van Gogh está obsesionado con la pintura japonesa, con el ukiyo-e, los retratos del mudo flotante, estampas bellas y sencillas, elegantes, preciosos fragmentos de lugares cotidianos y lejanos que él y su hermano Theo admiran y coleccionan con fruición, arte que poco a poco va colándose en su sesera, iluminando su mirada y llenando de luz su propia pintura, barriendo de sus óleos las sombras oscuras y tenebrosas de sus primeros años; por aquel entonces el genio pelirrojo deja escrito:
"Envidio a los artistas japoneses por la increíble y limpia claridad que todas sus obras poseen, nunca son aburridas y nunca tienes la impresión de que trabajen a toda prisa... es tan simple como la respiración.. ellos dibujan una figura con un par de golpes con la misma infalible facilidad con la que uno se abotona la capa del abrigo”.


A la izquierda, dos pinturas de Utagawa Hiroshige, a la derecha, las copias realizadas por Van Gogh.

jueves, 4 de noviembre de 2010

El ojo clínico



El treinta de septiembre de 1938, Nevile Chamberlain baja de su avión en el aeródromo de Heston, a pie de pista, el primer ministro ingles es esperado por una multitud de hombres que anhelan noticias de paz, Neville viene de entrevistarse con Adolf Hitler y no espera demasiado para hablar a su pueblo, emocionado por su gestión rápidamente se acerca a los micrófonos y dice:
“Nosotros, el Führer y Canciller alemán, y el Primer Ministro británico, hemos tenido una nueva reunión hoy mismo y estamos de acuerdo en reconocer que la cuestión de las relaciones anglo-alemanas son de primera importancia para nuestros dos países y para Europa. Consideramos el acuerdo firmado ayer por la noche y el Acuerdo Naval Anglo-Alemán como un símbolo del deseo de nuestros dos pueblos de no volver a ir a la guerra el uno contra el otro. Hemos decidido que el método de la consulta será el método adoptado para hacer frente a futuras cuestiones que pueden afectar a nuestros dos países y estamos decididos a continuar nuestros esfuerzos para eliminar las posibles fuentes de diferencias y contribuir así a asegurar la paz de Europa. Mis buenos amigos, por segunda vez en nuestra historia, un primer ministro británico ha regresado de Alemania para traer la paz con honor. ¡Creo que es la paz para nuestro tiempo!, ahora vuelvan a casa y duerman tranquilos.”
Al día siguiente, los nazis invaden los Sudetes, se zampan 30000 kilómetros cuadrados de territorio checoslovaco de una tacada y dejan claro al mundo que puede hacer de todo, menos dormir tranquilo.

ojoclinico

lunes, 1 de noviembre de 2010

Pedazos de mundo cruel


En ocasiones, el dolor tiene testigos, se puede recoger, capturar y transportar, se puede imprimir y mostrar al mundo, se puede susurrar al oído del ser humano, sin palabras, sin eufemismos, sin manipulaciones, se puede clavar en el alma de las personas con alma, y puede ser escuchado y comprendido, alto y claro, transmitido como un puñetazo en la cara.
Así, cuando James Nachtwey acciona el disparador de su cámara, es capaz de recoger un pedacito de infierno y transportarlo hasta el confortable salón de tu casa, para que puedas oír alto y claro el sonido de los machetes de Ruanda, puedas oler la muerte en las fosas de Mostar, o sentir el último aliento de un hombre reducido a la categoría de esqueleto en Sudan; mirando sus fotografías entiendes fácilmente que, si el mundo es una mierda, no va a dejar de serlo sólo por cerrar con fuerza los ojos.


“...en Guatemala, el gobierno central, controlado por una oligarquía de descendientes de europeos, estaba comenzando una política de tierra abrasada contra una rebelión indígena, y vi una imagen que reflejaba la historia de América latina, la conquista mediante la combinación de la biblia y la espada...”


“...esta es una escena de lucha casa a casa en Mostar, vecino contra vecino, un dormitorio, el lugar donde la gente comparte su intimidad, donde la vida misma es concebida, se convirtió en un campo de batalla...”


“...soy testigo, y quiero que mi testimonio sea honesto y sin censura, también quiero que se poderoso y elocuente, y quiero hacerle tanta justicia como sea posible a la experiencia de las personas a las que fotografío; este hombre estaba en centro de alimentación de una ONG, se le ayudaba tanto como era posible; no tenía nada, era virtualmente un esqueleto y sin embargo aún podía reunir el coraje y la voluntad para moverse. No se había rendido, y si él no se rindió, ¿cómo podía cualquiera en el resto del mundo siquiera pensar en perder la esperanza?...”


 “...en 1994, después de cubrir la elección en Sudáfrica, vi la ascensión de Nelson Mandela y fue lo más alentador que jamá haya visto, ejemplificaba lo mejor que podía ofrecer la humanidad, al día siguiente partí a Ruanda y fue como coger un ascensor al infierno, este hombre acababa de ser liberado de un campo de muerte Hutu, me permitió fotografiarlo bastante tiempo, e incluso giró su cara hacia la luz, como si quisiera que lo viera mejor, creo que sabía lo que las cicatrices de su rostro le dirían al resto del mundo...”


“...la huella de un hombre quemado bajo su propio techo, la imagen me recordó una pintura rupestre, y reflejó lo primitivos que somos en muchos aspectos...”


“...en Grozni encontré un chico de un orfanato local, vagando por el frente de batalla...”


sábado, 30 de octubre de 2010

De autopsias, dictadores y testículos.


Al entrar en la morgue, el Doctor Faust Shkaravaski cruza su mirada con la de media docena de tipos de mirada glauca y barba irregular, que embutidos en sus sucios uniformes de la Smersh le observan en un perfecto silencio, frío y aterrador, sólo roto por el sonido de sus propios pasos y el lejano tableteo de ametralladoras; aún pelean, piensa el cirujano antes de cuadrarse, algunos diablos aún pelean, como si pudieran defender algo más que un puñado de cenizas; el grupo le devuelve el saludo, se abre en abanico y bajo la titilante luz de dos focos de campaña dejan a la vista dos cuerpos calcinados colocados en paralelo, sobre sendas mesas metálicas, y un equipo completo de cirugía en el centro, ennegrecidos, abrasados, los cadáveres adoptan una postura grotesca, en tensión, fruto del rigor mortis y la propia combustión.
-¿Son ellos?.
-Eso debe decirlo usted.
Mal hecho, piensa Faust, a los chicos de la Smersh no les gusta la conversación, las preguntas estúpidas, prefieren respuestas, les gustan los secretos, cuanto más grandes y oscuros mejor; Faust traga saliva, después se coloca un viejo mandil manchado de sangre y se arremanga, no puede evitar sentir una gota de sudor frío al acercarse a los restos del gran cabrón, al comenzar a describir lo que ve mientras alguien en la lejanía, teclea sobre una máquina al dictado.
-Es un hombre, esta abrasado, conserva aún parte de sus ropas, sobre todo en las extremidades inferiores, calcinado con algún acelerante, probablemente gasolina, falta una porción de su cráneo, parte del hueso frontal y la práctica totalidad del parietal izquierdo, ¿hace cuanto fue encontrado?.
-Hace cuatro días en la cancillería.
-Puede haberse perdido en el traslado, si se pegó un tiro,  el orificio de salida debiera estar en el hueso que falta.
El doctor abre la boca del cráneo, al hacerlo un fuerte olor a almendras golpea su pituitaria, encuentra trocitos de una ampolla de cristal en el interior.
-El olor a almendras y la ampolla rota indica envenenamiento por cianuro, la mandíbula inferior está intacta, si consiguen ustedes una radiografía del sujeto en vida, podría usarse para la identificación.
Lo hombres asienten, anotan, el doctor continua con su trabajo, con cuidado desprende los restos de ropa que están fundidos con la piel, corta los pantalones y llega a la entrepierna, con sorpresa se encuentra que los testículos están intactos, es irónico, piensa, después de incinerar a millones de personas, las SS no consiguieron terminar de quemar los huevos de su jefe, el médico examina la bolsa escrotal, pasados unos segundos se yergue asombrado.
-El increíble, al gran cabrón le falta un huevo.
Los tipos de la Smersh, sonríen, sueltan una carcajada y se dan de codazos, por su parte Faust no puede reprimirse, tararea la canción que tantas veces ha oído a los soldados ingleses camino del frente; “Hitler … tiene un huevo, no dos, Göring... dos, pero muy chicos son; Himler... casi lo mismo, y Göbbels no tiene ni uno ni dos”, todos se miran, recomponen con esfuerzo su aspecto fiero, hay que joderse, al final, los jodidos “british” tenían razón.

lunes, 18 de octubre de 2010

Monsieur Porrón.


 
Es inútil, masculla Monsieur Porrón mientras camina borracho y apesadumbrado por la calle alfileritos, afligido ante la cruda realidad, en éste mundo está todo inventado, piensa, ya no hay sitio en el planeta tierra para un esforzado inventor como yo, ahora que todas las grandes ideas han sido paridas, desarrolladas y patentadas, no queda el menor resquicio para la creatividad, no queda otra que resignarse ante la evidencia del olvido, susurra con pena, contando sus cuitas al vidrio verde de la botella, aferrándolo y levantándolo cual Hamlet a su calavera.
Es lo que hay, es lo que toca, se dice frente a la tapia de convento antes de detenerse, al sentir su vejiga repleta, al buscar en la oscuridad su entrepierna; así, saca su miembro afligido y comienza a hacer aguas menores contra el muro, con la botella en una mano y el pene en la otra, Monsieur Porrón observa el conjunto y escucha el sonido del chorro contra la piedra, sin parar de orinar, hasta que de repente exclama, maldita sea, sería fantástico si las botellas tuviesen pitorro.
¡Eureka!, las musas llegan sin avisar, se largan sin despedirse, llenan de alegría el buen corazón del franchute, hacen que Monsieur Porrón corra de vuelta a su casa gritando, ¡no todo esta perdido, no todo está perdido, no todo está perdido!.

viernes, 8 de octubre de 2010

El material más escaso del mundo



Sentado sobre las ruinas de su mundo, el músico vestido de negro parece haberse quedado sin lágrimas, inmóvil, petrificado como una estatua de sal en mitad de la lluvia, siente cómo su cuerpo se disuelve poco a poco, se deshace en fragmentos pequeños que son arrastrados por el suelo hasta la alcantarilla, pedacitos de alma que se mezclan con pedacitos de seres humanos, con sangre seca, con polvo y olvido; restos de personas que ya no son personas, sólo fragmentos de maniquíes, sólo autómatas inertes; como él mismo perdieron la condición humana hace algún tiempo, cuando la locura germinó en las entrañas de su gente, cuando entre silbidos de disimulo del mundo civilizado, los hombres decidieron creer de nuevo en el miedo, en el terror como estúpido mecanismo para construir algo; el músico vestido de negro respira, aire extraño, viciado, oxígeno inútil incapaz de acabar con su sensación de ahogo, movimiento reflejo adquirido en otra vida, en la que inspirar aún servía de algo, no sólo para diferenciarle de los muertos, no sólo para mantenerle atado al planeta tierra, no sólo para dejar pasar las horas, las mañanas y las noches, esperando sin esperanza, limpiando las cenizas depositadas sobre su violonchelo.
El hombre de negro sabe que el tiempo es una magnitud plástica, cuando por fin se mueve, por un segundo cree sentir la piel resquebrajándose bajo su ropa, como si los mil años que pasaron desde su último aliento hubiesen dejado una costra invisible sobre su cuerpo, mecánicamente levanta su mano hasta la cara y mesa su señorial bigote ahora descuidado, siente sobre la punta de sus dedos como éste comienza a fundirse sobre una barba de varios días, desdibujado, pintado de blanco con polvo, canas y cal, es un adorno de otra época bajo dos ojos cansados que recorren la calle del desastre en la ciudad sitiada, detienen su mirada sobre el rojo coagulado, casi negro, sobre los adoquines mellados por la metralla en los que parece como si hubiera tropezado un gigante; revisan los rostros de sus congéneres, muertos en vida que hoy abandonan los sótanos y miran hacia el cielo buscando una respuesta distinta a la habitual, distinta a la de ayer, que no venga en forma de mortero, de artefacto de ciento veinte milímetros de diámetro y espoleta de proximidad, muerte enlatada, patentada bajo un diseño perfecto, infalible, obús maldito que a tres metros sobre el suelo explota, siembra la carne de metal y la ciudad de lágrimas, de angustia, convierte la cola del pan en un matadero.
Maldita sea su estampa, cuando el hombre de negro junta suficientes fuerzas, sus manos abandonan el tacto de su barba y acarician el mástil del violonchelo que se apoya contra su esternón, siente la cabeza del mismo tras la suya propia e instintivamente deja que sus dedos corran por las cuatro cuerdas, hasta el puente, acariciando a su viejo compañero de fatigas como a una amante perdida, pensativo, preguntándose si merece la pena seguir preguntándose, recordando los tiempos en los que se blandieron otras banderas, se prendieron otros fuegos, se vertieron otras lágrimas, parece otra vida, parece como si sus recuerdos ya no fuesen suyos, como si los custodiase otra persona de otro tiempo, como si la rutina convertida en supervivencia hubiese durado eternamente, como si el extraño que vivió antes de la guerra no fuese más que un fantasma ladrón que se aleja rápidamente, llevándose consigo sus pedazos de memoria.
Dicen que el violonchelo es el instrumento cuyo sonido más se parece a la voz humana; cuando el hombre de negro blande el arco, muchos en la calle lo miran alucinados, cuando coloca las cerdas de crin de caballo sobre las cuerdas, algunos detienen su rápido caminar, cuando su brazo derecho se cierra con un movimiento preciso y el sonido surge de repente, resulta que el asqueroso mundo cruel de detiene, se parte en dos, las cuerdas frotadas vibran, transmiten el movimiento hasta la caja de resonancia y obran el milagro, un sonido grave, intenso y libre se desplaza por la calle maldita, ondas que se cuelan en el interior de los hombres y mujeres prisioneros, en los que la música busca y rellena huecos vacíos sobre las tripas, bajo los corazones, seres que se detienen acariciados por las notas, personas que han aprendido a no malgastar sus suspiros, pero que llegado el momento, por un segundo permiten que el compás de la música les arranque un par, les insufle un jodido y minúsculo átomo del material más escaso del mundo, eso que llaman esperanza.
El violonchelista de las calles de Sarajevo dispara con notas, con los ojos cerrados, indiscriminadamente, se expone a las miradas de los francotiradores con un escudo de aire, invisible y frágil, permite que en un mundo sin palabras, afónico por tanto gritar, sean el ritmo, la cadencia y el compás los que llenen el vacío, interpreta el Adagio de Albinoni perfectamente serio, profesional y concentrado, se deja caer en la ilusión de sus recuerdos, declara a los cuatro vientos que sigue siendo un hombre, que ama la música y que el mundo, con sus políticos, sus generales, sus inútiles organismos internacionales, sus psiquiatras reconvertidos a genocidas y sus portadas de periódicos, puede irse al carajo.
Cuando termina las últimas notas remata con un suspiro, traga saliva y mira a su alrededor, a los ojos grises que observan y aplauden, que se despellejan las manos con rabia, nota como de repente, algo se ha colado hasta el interior de la ciudad sitiada, un elemento nuevo capaz de violar cualquier embargo, cualquier cerco, capaz de reponer el aire viciado con aire limpio, bálsamo invisible para heridas que no sangran ni cicatrizan, sensación de libertad perecedera, que dura una bendita fracción de segundo, no mucho más que el lapso de tiempo entre el relámpago y el trueno, pero que deja un buen sabor de boca; por fin, el músico vestido de negro respira, se siente un poco menos ahogado, hace un gesto de agradecimiento con su cabeza y guarda con mimo su instrumento, se levanta, golpea las mangas negras de su traje para conciertos, se sacude el polvo, las telarañas, su publico se disuelve y él camina, busca su sitio en una realidad un poco menos grisácea, mira de reojo al cielo y observa como un rayo de sol se cuela entre las nubes blancas en suspensión, es como un arco iris monocromático al que le han robado los colores, sonríe, la primera sonrisa en mucho tiempo, vuelve a casa, quizás mañana, quizás pasado, o la semana que viene, quizás un buen día despierte, maldiga su mal sueño y recupere su vida sobre el planeta tierra.


PD: Este relato forma parte de un grupo de escritos que por su extensión no son totalmente adecuados para la publicación en un blog, demasiado largos quizás, aun así, al igual que he hecho con éste, si me animo los iré publicando (intentaré no dar demasiado el coñazo), un  saludo y espero que os haya gustado.



miércoles, 6 de octubre de 2010

Prohibición.



Aplausos, más aplausos, cuando Herbert lee el periódico en voz alta, hay fragmentos del discurso que casi hacen saltar las lágrimas a sus compañeros de faena, con una media sonrisa en la boca y una dicción pausada, las frases del gran hombre se encadenan y reviven en su boca, “Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento, se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerrarán para siempre las puertas del infierno"…Amen, plas, plas, plas, Herbert se despelleja las manos, aúlla y al hacerlo, la manada le acompaña, ríen y dan gracias al diablo por esta bendita prohibición.
“Recordadme que vote a este tipo”, dice el final mientras dobla el diario y lo lanza al suelo, eleva sus sucio vaso de cristal y brinda por el senador Volstead , un trago largo que araña su garganta como un gato en celo, deglute, arruga el semblante y una vez pasado el licor mira serio a los suyos, acaricia el mango de su revólver  y suelta… “al tajo, nenes, que esto no se destila solo"; después camina entre alambiques, en círculos, satisfecho, orgulloso de su trabajo, ilusionado y pensativo ante las posibilidades que se abren en abanico delante de sus narices; Herb se sienta en su taburete de madera sólo por una fracción de segundo para levantarse de un respingo, algo llama su atención, se acerca a uno de los grandes barreños de fermentación y lo mira detenidamente, sus ojos continúan por la columna de destilación, hasta el matraz de recogida, donde el líquido elemento mana con un color parduzco, repleto de impurezas.
“Mierda” musita entre dientes, mientras extrae una pequeña alícuota con una cuchara y la quema; el licor combustiona con una bella llama azul y roja, “mierda”, repite, antes de que sienta la adrenalina bullendo en sus entrañas, antes de emitir una simple y oscura pregunta que se clava en los tímpanos de sus subordinados, “¿Quien trajo esta columna de destilación?”… un pobre diablo levanta la mano tembloroso, recibe al hacerlo un hostión en los dientes, besa el suelo con su boca ensangrentada, Herbert no es un tipo paciente, no es un tipo piadoso, no es un tipo decente; deja de patear a su empleado cuando este deja de retorcerse, chicos malos, dos cosas debéis aprender, la primera es quien manda, la segunda es que las columnas de destilación con plomo matan, producen veneno, rebajan la calidad del producto y por tanto el beneficio.
Herbert odia sudar, tanta actividad física ha arrancado unas gotitas pequeñas en su frente, escupe, maldice y se coloca de nuevo la camisa, hay puntitas rojas en sus puños, una ruina, tirar el producto significa perder dinero, reducir la población de presidentes en su bolsillo, jugársela por nada, Herbert no está dispuesto, “coged esta partida, rebajadla y mezcladla con otras, y que dios ayude al diablo que lo beba”.
Diez minutos después, el mundo sigue girando, Herbert se sienta en su taburete, y escucha el jaleo en la calle, grupos de trabajadores se tambalean, ríen y caminan por la calle cantando:
Four and twenty Yankees, feeling very dry,
Went across the border to get a drink of rye.
When the rye was opened, the Yanks began to sing,
"God bless America, but God save the King!"

lunes, 4 de octubre de 2010

Revoluciones y chistes fáciles.


 


En marzo de 1913 en la avenida Lexington, entre las calles 25 y 26 de Nueva York, un tipo moreno, serio y de rostro curtido observa las repercusiones de su pequeña revolución, en el pabellón I de la gran exposición del Armory Show, cuelga un cuadro de ciento cuarenta y siete centímetros de alto por unos noventa de ancho que se titula “Nude descending a staircase, nº2” (desnudo descendiendo escalera), un óleo que a nadie deja indiferente.

Lentamente, los hombres y mujeres que han hecho cola a las puertas de la sala, desfilan frente la obra, despacito, deseosos de saciar su curiosidad, no tardan en conseguirlo, al ver el asunto algunos ríen disimuladamente, otros se dan codazos y resoplan indignados o incluso se echan las manos a la cabeza, dejando patente su desagrado; la mayoría sin embargo sigue su camino en silencio, con cara de póquer, intentando buscar la manera de entender tanta modernidad.

Frente a ellos, sobre fondo oscuro hay una figura que decididamente no es humana, líneas rectas y curvas, anatomía de un ser extraño que desciende por unas escaleras, pigmento que no busca otra cosa que captar el movimiento prescindiendo de la forma, ¿se puede hacer?, el tipo de rostro huesudo cree que si, sólo que saltándose las normas, reinventándolas, reventándolas, aplicando un prisma personal y transferible a su extraña visión de este mundo de locos; como en una fotografía hecha con demasiado tiempo de exposición la figura desciende, pero paga un precio, el movimiento se come la carne, devora al desnudo que sin embargo sigue ahí, sólo a la vista de aquellos que quieran verlo.
Es 1913, el mundo apenas ha estrenado su siglo más triste, es tiempo de revoluciones, Marcel Duchamp ya ha planteado la suya propia, y le han corrido a gorrazos, pero la polémica crea expectación y la expectación hace que su obra salte de boca en boca; algunos periodistas ya hacen bromas, proponen un cambio de nombre para la pintura, llamarlo “explosión en una fábrica de tejas” otros ofrecen recompensas, “diez dólares al que encuentre la mujer desnuda”, Duchamp suspira, en sus manos descansa un diario, al abrirlo encuentra un chiste gráfico en el que una marabunta de personas bajan tropezándose las escaleras del metro, bajo el título “mirando Nueva York con un cubista, los paletos descendiendo escaleras”, suspira de nuevo, sonríe después, que coño, en el fondo, no puede dejar de sentirse halagado.

viernes, 1 de octubre de 2010

El último aliento de Edison.



El dieciocho de octubre de mil novecientos treinta y uno, Thomas Alva Edison afronta sus últimos minutos sobre el planeta tierra, maltratado por la diabetes y la vejez, respira cada vez más dificultosamente en su lecho de muerte; es lo que hay, es condición humana,  llegado a este punto, sólo queda morir; recostado, aletargado, acompañado en este último trance por su médico Hubert y su propio hijo Charles, el gran hombre lentamente se apaga entre recuerdos, ideas, inventos y cachivaches, entre miradas de respeto de aquellos que le despiden, de aquellos que deja atrás, en un mundo gracias a él, un poco menos oscuro.

Así, el hombre de las mil patentes, muere de madrugada, cinco minutos antes de las tres y media exhala su último aliento y cuando esto sucede, su hijo Charles, tras constatar el final, antes de comunicar al mundo la mala noticia se acerca a una de las mesas del dormitorio de su padre y observa entre las cosas del finado una colección de tubos de ensayo vacíos, recuerdo de los años de trabajo de Edison como químico, Charles respira hondo y tiene una idea, ni corto ni perezoso abre uno de los tubos, lo coloca frente al cadáver aún caliente y espera, minutos después, cuando considera que el tubo contiene su último aliento, se lo pasa al doctor Hubert y le pide que lo selle con parafina, lo rotula y lo guarda junto a otros objetos; acaba de nacer una reliquia que con el tiempo será regalada a uno de los mejores amigos de Edisson, a un tipo llamado Henry Ford.  

Curiosa forma de cariño, curiosa forma de respeto, quizás un tanto friki, hoy en día, el último aliento de Edison aún se conserva dentro de su cárcel de cristal en el museo Henry Ford de New Jersey.

martes, 28 de septiembre de 2010

Perdidos en la traducción.

Cuando el tipo con cara de guiri levanta su dedo, el pequeño taxista del infierno sonríe sardónico, mostrando sin querer un par de huecos entre sus dientes de tiburón, yeap, of course, to JFK airport, como no, raudo y veloz abre el maletero inmenso de su viejo Ford Crown Victoria amarillo y por un segundo parece que al hacerlo, un cadáver va a asomar maniatado, no es así, al final el conductor extiende los brazos y agarra las maletas con brío, las lanza al interior del oscuro cubículo y cierra de un portazo, después, con la mejor hospitalidad de su sangre asiática invita a su clientela, ¡pónganse cómodos!, lets go guys, el cielo sobre el atlántico os espera, no debemos llegar tarde; un segundo... ehhh si, si... one second my friend, déjeme pegar una calada, una última calada y terminar el cigarrito antes de emprender el viaje smoke free; la colilla cae, el taxista mira raro, los compañeros se montan y uups, va a ser que no cabemos, que uno va para delante, de copiloto; el tipo con cara de despistado piensa yo mismo, que me gustan las emociones fuertes, que para eso soy un valiente, no problem, abre la puerta y al hacerlo se encuentra una manta enrollada, ropa dentro de una bolsa de plástico y muchos vasos de café vacío del Starbucks, genial, hace un huequito, aposenta su culo entre una montaña de usar y tirar, y sin mucho esfuerzo, empieza a sospechar que su nuevo amigo pasa demasiadas horas dentro del taxi; arranca, el motor ruge, doscientos veinte caballos a los que les encanta consumir gasolina, un acelerón y comienza el viaje sideral del pequeño saltamontes.
El coche caracolea, acelera y frena, se salta los semáforos; mientras, su conductor, en un alarde de habilidad decide conducir y limpiar a la vez, rocía a sus amados clientes con ambientador, frescor salvaje del caribe irritando los párpados y violando las pituitarias, la jodimos, el señor de la casa odia el tabaco, y mierda, nosotros olemos a tabaco, después, ya metido en faena decide dar una pasadita al volante, al taxímetro y al salpicadero, todo esto sin dejar de acelerar, frenar y caracolear con el bólido amarillo, increíble, digno de estudio por Harvard o Standford, si es que alguien sobrevive a la carrera; así llega al túnel de Long Island, el mismo en el que los hombres de negro conducían por el techo, curva a la izquierda y quien dijo miedo, el taxista del infierno intenta emular a Will Smith pero demonios, no puede, probablemente le falta potencia, tras un rato en la oscuridad anaranjada, el ver de nuevo la luz del día comienza a tener un bello significado; el turista y sus tres camaradas tragan saliva, no la encuentran; por suerte, pasado el túnel, aparece en la lejanía un atasco.
Bendito atasco, aumenta las posibilidades de salir vivo de esta encerrona, veinte minutos a diez por hora tras una furgoneta negra con grandes letras rojas de la que emana música animada, gansta rap del bueno, nuestro conductor hace sonar el claxon, parece como si quisiera acompañar a las rimas del gueto, acelera y se sube al arcén, se coloca en paralelo al vehículo de enfrente, baja la ventanilla y grita, el rapero baja el volumen, mira serio, el turista piensa que así deben empezar los tiroteos, pega el oído a ver que se cuentan, se fija en el letrero negro, rats´n bugs killer pone, el taxista habla, muy rápido, el tipo de la furgo aún más, no hay quien se aclare, al final una frase llega a los oídos del españolito.
-How much for a bugs clean my friend? (o algo así)
-¿Where?
-My room, olso my car.
Los españolitos se miran, perdidos en la traducción, ¿que dice el friki este?.
- No se, quiere que el de la furgoneta le mate nosequé de su habitación y de su coche.
- Bugs, quiere que le mate “las bugs”.
- ¿Y que coño significa “bugs”?
- Espera lo miro, bendito diccionario… ahh perfecto, “bugs” significa chinche.
Los cuatro spaniards aprietan el culo, comienza a picarles todo, miran el reloj y disimulan, el tipo con gafas rojas y cara de despistado suspira, piensa a ver si llegamos de una puta vez a la madre patria, donde en las casas sólo hay cucarachas, y los taxistas sólo escuchan la cope.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Segundo aniversario.




Sentado ante el blanco dictatorial de la pantalla hay un tipo que se estruja los sesos, que en su frágil silencio cotidiano hace lo imposible por intentar escuchar sus propios pensamientos, ruidos causados por historias e ideas que rebotan en su córtex y con suerte son capturadas, transformadas en palabras, y tecleadas en orden, una detrás de otra, en fila india, siguiendo el compás anárquico de unos dedos aterrados, a veces, ante la vacuidad de lo escrito.
Sentado ante el blanco dictatorial de la pantalla hay un tipo que busca revancha contra el mundo, contra la historia y contra la condición humana, construyendo la mayor parte de las veces falsos recuerdos, medias verdades a partir de medias mentiras noveladas y relatos que no son sino pequeñas y relucientes pepitas de oro que cagó el moro, valiosa bisutería del todo a cien empaquetada en una caja de ceros y unos virtuales y ofrecida al mundo por el módico precio de una visita.
Sentado ante el blanco dictatorial de la pantalla hay un tipo que viviendo su peculiar día de la marmota, lleva haciendo lo mismo semana tras semana durante dos años sin saber porqué, sin lograr ni siquiera atisbar el origen del impulso que un once de septiembre de 2008 le hizo soñar y cazar tiempos dormidos, pintores, batallas, genios, mares, putas, mafiosos y santos varones, para reunirlos a todos en esta caja de grillos.
Ese tipo está asombrado por su propia perseverancia, y lo que es peor, por la persistencia de unos lectores, contados con los dedos de una mano, que a pesar de todo siguen viniendo periódicamente a buscar su pequeña ración de tostón literario, gente conocida y desconocida a la que les da, humildemente y de corazón, las gracias por su tiempo.
PD:
Hoy cualquiertiempodormido cumple dos añitos llenos de emociones, durante los cuales ha recibido unas cuarenta mil visitas en total, (treinta mil el último año), mucha ayuda de blogueros amigos (gracias a Irreductible, Hispa, Markos, Guillermo…) e incluso ha sido en una ocasión portada del sacrosanto menéame (algo que sin duda contaré a mis nietos)… en fin, dos añitos, parece mucho pero no lo es, si este blog fuera un niño, aún se cagaría en los pantalones.

jueves, 9 de septiembre de 2010

El castrado.



Mientras espera, Marco busca las paredes del recinto y camina lentamente hacia atrás hasta dar con la esquina, exactamente el lugar donde sus mundos colisionan, frente a él, dos hombres negocian, hablan a las claras del coste de la operación y las posibilidades de que Marco muera, de que la inversión se pierda, al mencionar esa opción, el hombre de mandil blanco, el barbero de tez oscura levanta sus hombros y sonríe, intenta poner cara de angelito pero no lo consigue, porque los angelitos suelen tener dientes, después comenta “a veces ocurre, si surge la gangrena y la fiebre se mueren, es un riesgo que asume el cliente”, dice en un tono suave e inerte, muy profesional; el mentor escucha, arruga el morro y mira de refilón al niño, levanta su dedo índice, “mas te vale que seas cuidadoso, el muchacho es un diamante en bruto”.
A esas alturas Marco ya tiembla, cientos de voces se agolpan en su cabeza, se aferran a sus piernas, es incontenible, asciende por su diminuto cuerpo y hace que se orine encima, siente un terror denso y pegajoso que le bloquea, le paraliza y hace que no pueda pensar con claridad; maldice su vida, maldice su don, el mismo que le sacó de la miseria, el mismo que ahora, con diez años le enfrenta a su destino de castrato, no queda otra, en dos años como mucho comenzará la pubertad, crecerá vello sobre su cara y la voz que atesora y encandila a los ricos se perderá para siempre, eso le han dicho todos, es lo que hay, en dos años aquellos que aplauden sus actuaciones, que le tratan con admiración, cariño y respeto le despreciarán, le mirarán indolentes y le expulsarán de su entorno, “sólo hay una manera” le han dicho, “tu destino pasa por la barbería”.
Su mentor hace una señal, Marco camina, su cuerpo le dice que corra, su mente le dice que tras la puerta sólo le espera la miseria, paso a paso, vence su mente, paso a paso continúa, hasta que la mano sucia del barbero le da una palmadita en la espalda, le sujeta por el cuello y le susurra al oído, “no te dolerá, te lo garantizo, piensa que aún has tenido suerte, otros, los que lo hacen con ocho años, a ésos nunca se les levantará el pajarito” después ríe, una carcajada que se clava en el tímpano del joven mientras le desnudan, mientras le dejan en cueros delante de una bañera con agua caliente.
Cierra los ojos, aprieta los dientes, es asido por las axilas y de repente nota como alguien le manosea los testículos, es el demonio que habla, “haremos la incisión aquí y aquí, metedle en el barreño”, Marco es izado, es introducido en el agua, siente su calor, el vapor que se mete en sus pulmones y le asfixia, se aferra al hombre que le agarra, aprieta los puños y maldice no ser tener la fuerza suficiente para sacarle los ojos, golpea, grita y por fin llora, de lejos escucha al bastardo correr a por un brebaje, le observa echar rápidamente unas gotas de láudano en un vaso con agua.
“Bebe” le dicen, el se niega pero le obligan, el brebaje amargo pasa por su garganta, abre los ojos, patalea, el agua del barreño se derrama y para cuando toca el suelo repleto de mierda, el niño siente como algo se rompe en su interior, es como si aferraran un ancla a sus entrañas, le hunde, le amordaza y le deja sin fuerzas, como si un brujo le hubiese robado la fuerza, el aliento, Marco siente sueño, deja de moverse y mira a su mentor, mira al demonio de mandil blanco, le observa cogiendo unas tijeras finas y alargadas, limpiándolas con un paño, después alguien roba la luz del universo, es lo último que ve antes de cumplir su puerco destino de voz angelical.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Tres fantasmas con chapela



Llegado el momento, el tipo de gafas rojas mira atontado su juguete, al acercar el terrón de azúcar a la superficie de su café solo, este impregna la base blanca inmaculada del cubito, y asciende como por arte de magia por las paredes granulosas hasta debilitar y deshacer la dulce estructura, que se desmorona sobre la negra superficie y es disuelta con ayuda de una minúscula cucharilla, como de liliputiense; diversión en estado puro, a según que horas no se puede pedir más, después surge un bostezo y de seguido un marlborito aterriza sobre la comisura de sus labios y es incinerado, prende, el olor de tabaco se mezcla con el de el café; mientras la nicotina y la cafeína se confabulan para sacar su cerebro del aletargamiento cotidiano, el mundo que lo rodea muestra su rutina de colores, de sabores, de luces de tragaperras, olor a after shave del carrefour y densas nubes de faria atravesadas solo de refilón por la luz de la mañana; alguien lleva el gordo para hoy, la camarera se acerca a la cafetera y al accionar una ruletita parece que esta arranca y quiere echarse a andar por las vías del tren, no lo consigue pero a cambio calienta la leche que es servida a un paisano que se quema los morros mientras abstraído lee el Marca nuestro de todos los días; resopla durante un rato y maldice, no se sabe si por la lesión de Cristiano o por sus labios torrefactados, de refilón le miran dos abuelos, al oír el juramento, pierden dos segundos de su vida antes de volver a centrarse en sus pensamientos, uno tose y mira el reloj, tiene pinte de tener hora para el médico, el otro bebe lentamente y sólo Dios sabe lo que se le puede estar pasando por la cabeza.
De fondo la tele, la caja tonta en su lucha diaria por hacernos a todos un poco más listos, una guapa señorita habla, pía por su boca de piñón sin que nadie la escuche, después se corta la imagen y aparecen, sobre fondo azul y secundados por varias banderas, tres fantasmas con chapela, con tono oficial y portavoz femenina, hablando, dirigiéndose al populacho, en una imagen de locos, trágica y a la vez surrealista, los abuelos dejan su mundo olvidado, vuelven a la cruda realidad y atienden serios y circunspectos el asunto, que parece importante, al rato el de la izquierda, después de varios intentos fallidos se rinde ante la evidencia de su sordera le pega un codazo a su compi y comenta a voz en grito.
-¡Que dicen esos cabrones!
El otro levanta la mano pidiendo un segundo para terminar de escuchar la noticia, después con sorna contesta.
-Dicen que nos perdonan a todos la vida.
Con cara de sorpresa el anciano levanta las cejas, que dejan entrever dos ojos de color azul intenso, no tardan en volver al sitio a la vez que su rostro arrugado se arruga un poco más, se le queda un cara seria, repleta de desprecio, medita, sale un chasquido de entre sus labios y media carcajada, niega con la cabeza, al rato suelta por lo bajini una frase que es casi un murmullo, el tipo de las gafas rojas afina el oído, al final escucha.
-Hay que joderse… hay que joderse… hay que joderse.
Calla, vuelve a sus pensamientos, bebe café, solo Dios sabe lo que después se le pasa por la cabeza.