jueves, 14 de enero de 2010

Andrew ha tenido un mal día



Arthur realmente se llama Usher, pero todo el mundo le conoce por Weegee, y es que en su corta vida ya le han rebautizado dos veces; la primera el oficial de inmigración que quiso americanizar su nombre, la segunda los vecinos de la ciudad desnuda, los paisanos del ombligo del mundo; no importa, el Lower East Side es un lugar donde los nombres en el fondo no valen mucho, donde todo el mundo tiene por lo menos un par, porque al final, son productos desechables, como los pañuelos de papel, usados durante un tiempo hasta que la vida los llena de mierda, hasta que conviene tirarlos a la basura con disimulo, sacándose del bolsillo uno nuevo.

Se llame como se llame, Weegee sabe que es el fotógrafo más grande del mundo, el puto amo, que la humildad es para fracasados, realidad asumida, hecho inmutable, indiscutible, quien no esté de acuerdo se puede ir al infierno, él respira por y para la fotografía, para el momento en el que su cámara roba un pedacito de vida o de muerte ajena, capturándolo, fijándolo para siempre; él vive de noche, él siempre llega el primero, al volante de su viejo Chevy conduce por Bowery mientras se quita las legañas, se calza un par de cafés espesos y pone a punto su máquina de trabajo, el coche es su hogar, allí duerme, come, se asea, fuma, ríe y llora, es capaz hasta de revelar las fotos en el maletero, allí escucha las malas nuevas en la radio, la misma con la que pincha las frecuencias de la policía.

Llegado al cruce con Broom St, el fotógrafo gira el volante y el vehículo chirría, roza los bajos contra el suelo, se sube e la acera y guiña un ojo al oficial que está espantando a los curiosos, le desliza un par de pavos bajo la porra, antes que nadie coloca el flash de su cámara y corre por Elizabeth St, en apenas cincuenta metros se encuentra con el fiambre, dispara, el fogonazo ilumina la calle, despierta a las ratas, retrata lo que queda de Andrew, el tipo que derrumbado sobre el suelo sin duda ha tenido días mejores.

Con Weegee mejor no ser protagonista, Andrew Izzo besa el asfalto, lo muerde, lo que se presumía un golpe fácil en el Spring Arrow Social Athletic Club se ha torcido a última hora, como el careto de Izzo al recibir un balazo bajo el pómulo, plomo caliente redecorando su facciones mediterráneas, es lo que tiene el oficio de gangster, es corto pero intenso, sacrificado pero divertido, Weegee saca su foto, es buena, lo sabe, mañana lo mismo hasta es portada, tira la colilla de su puro al suelo y la pisa, da gusto cuando la noche sale redonda.

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