viernes, 22 de enero de 2010

El grito del cimarrón




George sabe que de noche los espíritus corren libres por la selva, sabe que desde su lugar entre las sombras los muertos añoran la sangre de los vivos, su calor, su tacto, buscan su encuentro, escucha con dificultad sus voces perdidas, el llanto de los viejos cimarrones que claman venganza desde los senderos, que indican el camino de la libertad mientras sueñan con su mundo perdido, gritan desde las sombras del bosque caimán, exigen sangre por sangre, exigen muerte por muerte, dan rienda suelta a su ira, descontrolada, imparable, dicen que su sufrimiento no será calmado hasta que el último hombre blanco sea expulsado de esta tierra maldita.

George siente la noche aferrada a sus tripas, se abre paso entre una cortina de agua blandiendo un viejo sable y seguido por una multitud silenciosa, excitada ante los lamentos del bosque, caminan unidos, arropados por la madre naturaleza, bajo el agua y las penumbras, parecen una gran bestia en movimiento, un todo que respira al unísono, resoplando bajo la tormenta, una turba salvaje, harta, herida, maltratada, sedienta, decidida a convertirse en dueña de su propio destino.

Llegados al claro, los hombres que allí se encuentran se estremecen al escuchar al gigante, al hombre mitad brujo mitad profeta que aparece tras las sombras, Boukman habla, se dirige a su pueblo con los ojos en blanco mientras una mujer pintada con barro se estremece y mueve sus articulaciones, baila desnuda, poseída por una fuerza más poderosa que la de mil ejércitos, se mueve rápidamente entre los allí presentes mientras susurra un idioma extraño, el lenguaje de los espíritus que acaricia los oídos y se apodera de los cuerpos y las almas.

El gigante aúlla, ha visto el futuro, el mañana que ya llega, blande un enorme machete que vuela por el aire, cae como una guillotina sobre el cuello de un cerdo, degollándolo, manchando de rojo el barro maldito, el animal chilla primero, gruñe sin fuerzas al final, se convierte en un surtidor cuya sangre es recogida en un cuenco y ofrecida a George y los suyos, sabor dulce, caliente, que mancha sus labios y le hace aullar, reír poseído mientras guía a la multitud de vuelta a las plantaciones.

George ahora escucha claramente a los espíritus, les entiende a la perfección, sabe que la mecha ha sido prendida, que el fuego se extiende, que los años de miserias y esclavitud han terminado desde ése mismo instante, que la sangre del hombre blanco es tan roja como la suya y se vierte con la misma facilidad, muerte por muerte, vejación por vejación, sangre por sangre, libertad por libertad.



PD: Este microrrelato novelado hace referencia a la ceremonia que se considera, precursora de las primeras sangrientas revueltas que terminaron con la abolición de la esclavitud y la independencia de Haití, hecho histórico que un señor muy mayor en USA ex candidato a la presidencia ha considerado el auténtico motivo de las sucesivas tragedias de ése pueblo (por ser una clara muestra de pacto con el diablo), sandeces aparte, sirva este relato para recordar la terrible historia del pueblo más olvidado y maltratado de América.

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