miércoles, 24 de marzo de 2010

Esperando a Goliat




Ahí está, pétreo, enorme, inquieto, al final de la galería, escoltado por cuatro prisioneros que luchan por escapar de sus cárceles de piedra; David espera a un Goliat que se retrasa, acaricia su honda, luce sus cicatrices y mira de reojo a las paredes de la Academia, pintado de blanco, perfecto, casi respira, casi pueden sentirse los latidos en su pecho, en sus sienes, en las venas de sus enormes manos, desnudo, está listo para la lucha, venderá bien caro su duro pellejo; mientras llega el momento, escucha como cada mañana un cuchicheo eterno a sus pies, emitido por pequeños seres que pululan y ríen a su alrededor, que hablan por lo bajini en mil y una lenguas; miran, caminan en círculo, son como una Babel en miniatura, turistas cansados, adolescentes nerviosos, profesores encabronados, culturetas profesionales, algunos buscan asiento a su espalda, se duelen de sus pies hinchados, resoplan, otros se dan codazos, señalan su entrepierna y sueltan risitas, una marea humana, continua, que va y viene, que entra despistada, que suda y huele a choto, a perfume barato, que abre la boca asombrada y le hace fotos con disimulo, como si no quiere la cosa, intentando no ser vistos por dos clones rubios con el pelo amarillo pollito que aproximadamente cada cinco minutos abandonan el minucioso estudio de sus revistas de cotilleos para pegar un par de gritos, no foto, no videos, circulen; los guías hablan a sus micrófonos como si fueran comentaristas de fútbol, los jubilados japoneses asienten mientras aprietan sus auriculares contra las orejas, fíjense en el dedo que un loco destrozó, fíjense en el brazo que una revuelta amputó, fíjense en su rostro, en el lado izquierdo más relajado, en el perfil derecho, asustado ante el combate inminente, que si lo restauraron con ácido clorhídrico, que si tardaron siete días en traerlo hasta aquí desde el Duomo, bla, bla bla, palabras más, palabras menos, las mismas palabras surgidas desde el suelo como una lluvia inversa, repetidas, inmutables, regando sus oídos de mármol mientras David respira, en tensión, atento, preparado, como si ya sintiera en el horizonte el estruendo de los pasos del gigante, caminando decidido, dispuesto a encontrarse con su destino.

5 comentarios:

caduco dijo...

Sólo puedo darte las gracias. Cualquier cosa qmás que te comente va a enmarañar la pureza de esa piedra.

Javier Font dijo...

Un saludo, caduco.

Hispa dijo...

Buena fotografía literaria. Mejor que una en color., si me pones.

guillermo dijo...

Javier,
lo has vuelto a hacer...
Joder, que campeón:
otro post entero jugando con los signos de puntuación.
Ningún punto en todo el artículo.
Genial.
Aún digo más: una entrada MAGISTRAL.
Por eso te escribo este versículo,
Para demostrarte mi admiración.
... Y es que, Javier,
Lo has vuelto a hacer...
Joder, que campeón.

Otro gran post, con la dificultad añadida de no utilizar ni un solo punto (tan solo algún punto y coma) y lógicamente el punto final.

...Y no me digas que ha sido una empanada mental por otra gripe ;)

Un abrazo.

Javier Font dijo...

Caduco, Hispa, Guillermo, un abrazo, gracias por los halagos, honestamente creo que son exagerados, aunque, ¡que coño!, a nadie le amarga un dulce, tened cuidado porque un día de estos me lo voy a creer y veréis entonces que tipo más coñazo... un saludo