viernes, 12 de marzo de 2010

Los marinos extraviados



Los marinos extraviados saben que el tiempo es una magnitud plástica, moldeable, que un día dura mil años y la juventud unos pocos segundos, que varados en mitad de ninguna parte, pueden elegir entre dar la vuelta al mundo con los ojos cerrados o llorar lágrimas de mar sin consuelo; son hombres sin aliento que suspiran ante una existencia estática sobre un mundo flotante, vida repetida, perdida en mitad del camino hacia ninguna parte.

Los marineros abandonados son ascetas en castillos de chatarra, se encadenan a su buque, esperan sin esperanza, se deshacen poco a poco como estatuas de sal en la lluvia, asisten impotentes al triunfo del óxido sobre el metal, impregnando su piel, adentrándose en sus entrañas, correteando por sus cuadernas, escurriéndose bajo sus mamparos, corroyendo hasta la médula misma de sus huesos.

Los marinos olvidados son seres engañados, estafados, embargados, escorados, tripulan barcos que un buen día entran en un puerto para no salir jamás, esperan el pago de sus jornales en vano, contratados por fantasmas sin alma que a miles de kilómetros un buen día deciden cerrar el chiringuito, desaparecen haciendo puf; son seres desahuciados, que fuman, comen y beben de prestado, por caridad, encarcelados a cielo abierto se pudren en una frontera, en un puerto, en un lugar sin nombre, mirando con angustia su destino.


Foto: Mattia Insolera

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