martes, 16 de marzo de 2010

Sobre cerdos y sanmartines




Cuando Sigmund cierra los ojos, sus retinas se convierten en un cine en miniatura, uno en el que se proyecta una película caótica, donde no hay guión, ni argumento, construida con fotogramas que no son fotogramas sino recuerdos, fragmentos enlazados de forma misteriosa, piezas que desfilan frente a su memoria trayendo consigo los rostros de aquellos que hasta hace bien poco construían su mundo perfecto, seres que ahora, como un coro de fantasmas, se reúnen frente a su persona riéndose a carcajada limpia, descojonados, señalándole con el dedo mientras se mofan de su desgracia.

Son risas que sólo oyen sus oídos, son rostros que ya nadie recuerda, que a nadie importan, cuando el mundo se ha ido al carajo, que su vida lo acompañe por el sumidero no es noticia, no es significativo, aún así, frente a la pared blanca de la celda 73 del pabellón de presos VIP del campo de concentración de Dachau, el Hauptsturmführer SS, Dr. Sigmund Rascher espera su destino, analiza cada uno de los pasos que le hicieron deleitarse con este suculento plato de mierda.

Resultados, los jefes sólo quieren resultados, y no cualquier resultado, Sigmund piensa que su único delito al fin y al cabo, ha sido regalar a los oídos de sus amados líderes las palabras que siempre quisieron escuchar, retorcer los límites de la ciencia hasta hacer que encajasen en el complicado puzzle de la realidad; con el fin de demostrar lo indemostrable, de certificar la fantasía; el mal doctor recuerda, las palmaditas en la espalda, las cestas de frutas en la puerta de sus casa, los cargos y menciones honoríficas, las caras asombro de colegas y competidores, impresionante, decían, maravilloso, decían; ahora como ratas a la carrera murmuran, esperando poder quedarse con los despojos de su existencia.

Al final, la verdad es como la mierda, que siempre sale a flote, al final, resulta que una mujer estéril es una mujer estéril, por muy aria que sea, y un hombre en hipotermia es un hombre en hipotermia y sin calor se muere independientemente de su raza o condición; Sigmund piensa en su mujer Nini; no debió hacerla caso, no debieron hacer pasar a los hijos de los criados como hijos propios, pregonar a los cuatro vientos que una auténtica mujer aria puede procrear hasta los cincuenta, engañar al mismísimo Himler; lo cierto es que fue fácil, lo cierto es que hay determinados tipos que sólo saben regalarse los oídos, ahora que purga su pena encarcelado, Sigmund piensa en el futuro, sabe que los rusos o los yankis sabrán apreciar su ciencia visionaria.

Maldita sea, siguen riéndose, los fantasmas siguen en sus trece, ahora se han unido los espectros de los presos, los hombres que en este mismo campo hace meses se convirtieron en cobayas, seres a los que poder meter un termómetro por el culo y sumergir en hielo disfrazados de pilotos, para aprender los mecanismos fisiológicos de la muerte por congelación, un trabajo que por ahora mejor será olvidar, no sea que acabe acusado de crímenes contra la humanidad; ahora no queda otra que dejar pasar el tiempo y esperar que los aliados le liberen, se presenten en su celda y hagan la vista gorda con las cámaras de exterminio, con los hornos crematorios y con los hombres reducidos a cenizas, con un poco de suerte hasta puede que le lleven consigo, a la tierra prometida.

Sigmund sueña, sonríe ante la posibilidad de salir vivo de este embrollo, sólo tuerce su gesto cuando ve al Hauptscharführer SS Theodor Bongartz entrar con cara de pocos amigos en su celda, sólo deja de oír a su coro privado de fantasmas en el momento en el que ve al oficial SS echar mano de su pistolera, el momento en el que siente el cañón helado del arma tras su nuca; nada personal, órdenes directas de Himmler, los yankis están a unos pocos kilómetros, mala suerte, ya sabes, no quieren dejar pruebas, testigos incómodos, despídete de este mundo cruel, Sigmund, di adiós a papi Adolf, colócate de rodillas, ¿eres creyente?, mejor que no, nos vemos en unos días en el infierno.

2 comentarios:

caduco dijo...

No quise presenciarme con la pequeña polémica de menéame el otro día, por eso lo hago ahora.
Me encanta tu blog y debes insistir en tu estilo. No es un mandato sino un ruego.
Te había pillado, no sé por qué enlaces, hace unas semanas, y me alegra sobremanera.
Sigue así Javier, las cosas siempre ocurren desde un punto de vista que no pertenece más que al que las vive, y tú lo ejerces así y me encanta.
Un saludo

Javier Font dijo...

Gracias, caduco, supongo que a veces es necesario que a uno le zurren un poco, las críticas te ponen en tu sitio y hacen que los amigos te den una palmadita en la espalda.

Tiene buena pinta tu blog, prometo leerlo con calma.

Un saludo.