lunes, 12 de abril de 2010

Mr bla bla




Sentado frente al mundo, Mr bla bla, cierra los ojos y espera su momento con el cuello estirado, con la papada levantada como un pavo en celo, se distrae mientras la maquilladora se esfuerza en pintar de color humano su piel mortecina; cierra los ojos y deja que el tacto gobierne sus sentidos, es curioso, si no tuviera la piel de cemento, casi le haría cosquillas el algodón, la toallita impregnada de tinte que sube y baja por su enorme careto, suspira; tanto potingue es un incordio necesario, un elemento básico que apaga los brillos y permite que, en pantalla, su rostro no parezca el de un estibador de puerto en plena faena; resopla, suspira de nuevo, en tres minutos estarán en el aire, mira a sus compañeros de faena mientras nota un cierto remusguillo en las tripas, que Dios reparta suerte, o lo que sea; mira los temas previstos en el debate, un vistazo rápido, un par de segundos para hacerse una composición de lugar y ya está, no necesita más porque tiene un don, el don de la palabra, el don del verbo hecho verdad irrefutable, la bella capacidad de hablar de todo sin tener ni puta idea de nada; política, cine, fútbol, física cuántica, da igual, Mr bla bla sonríe, eleva la comisura lateral de sus labios y muestra sin querer una ristra de dientes afilados, blancos, de tiburón, entrenados en eso de morder y despellejar, media horita aquí y después cagando leches a la radio, a seguir recaudando, convirtiendo sus opiniones en euros, benditos euritos, bonitos euritos, redondos euritos, pagados al peso, tanto por adjetivo, tanto por sustantivo, tanto por conseguir que un adversario pierda los papeles, monte el pollo y se levante de la mesa de debate amenazando con una querella; a Mr bla bla le gusta su trinchera, le gusta disparar, pim pam pun, el máximo de sangre y aplausos en el mínimo tiempo posible, luchando contra el crono, como un deportista de élite, mejor eso que comerse la mierda en un trabajo normal por mil euros al mes, piensa mientras la luz se pone en rojo, aquí fulanito y menganito, allí, en sus casas, mirando las pantallas, el populacho, ávido de instrucción, ávido de broncas, de noticias espectaculares, Mr bla bla piensa en ellos antes de soltar su perorata y por un segundo un pensamiento inquieto recorre sus neuronas, maldita sea, como un día empiecen a pensar por si mismos, se jodió, se me acabo el chollo, traga saliva, reza un padrenuestro, a pesar de que sólo cree en el dios dinero, junta las palmas de las manos una contra otra y con disimulo, susurra a sus adentros, virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

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