sábado, 26 de junio de 2010

Arte degenerado para hombres degenerados.



El pequeño hombre degenerado camina con su gran corte de idiotas, viste gabardina y sombrero, de civil, como casi siempre, llegado el momento enfila por la estrecha escalera hasta el segundo piso de la nueva Casa del arte, en Munich, sonríe como sólo saben sonreír los ofidios, con un gesto helador, traicionero, camina y asciende lentamente por los escalones, dispuesto a pasar un buen rato, dispuesto a evaluar la dimensión de su nuevo juguete de propaganda, la última exposición ideada por sus chicos.
Lee, “Arte degenerado” y piensa que es un gran título, un puñetazo directo a la moldeable mente de sus conciudadanos, se introduce en la muestra escoltado por sus insignes lameculos y de primeras, se da de bruces con una gran escultura encajada en un pequeño espacio, por un segundo siente claustrofobia, es perfecto, piensa, después entra en la primera de las salas, Goebbels se encuentra con una serie de paredes sobrecargadas, repletas de cuadros que cuelgan torcidos, apelotonados, alrededor de grandes carteles con frases como “la locura reconvertida en método” o “la naturaleza vista a través de una mente enferma”.
Un trabajo fino de cojones, obras cuidadosamente seleccionadas, retiradas, cribadas, producto de la limpieza de los museos del imperio, hasta cinco mil, de donde ha sido eliminado cualquier elemento que no huela a nacionalsocialismo, arte degenerado, arte bolchevique, arte judío, da igual que sólo seis de los ciento doce artistas aquí representados sean judíos piensa el número 2, lo importante es el mensaje, no los cuadros, no es suficiente con retirarlos, no es suficiente con vejarlos, maltratarlos o destruirlos, también es necesario que el pueblo los odie, que ellos se cieguen y voluntariamente den la espalda a aquellos que los enseñan a mirar el mundo con otros ojos, desde otras perspectivas, el arte es peligroso, porque llega al alma, porque remueve conciencias, porque las libera, las mismas conciencias narcotizadas, manipuladas y preparadas para lo que ha de venir, para el nuevo orden que bulle en su maldita sesera.
Así, Joseph el manipulador pasa revista, abandona el museo satisfecho, dejando atrás nombres como Chagall, Ensor, Picasso, Matisse, Klee o incluso Van Gog, es un éxito piensa, el hombre ciego que quiere cegar a sus hermanos no se da cuenta de la imposibilidad de su trabajo, cuatro meses después los números cantarán, “los degenerados” atraerán a dos millones de personas, los artistas oficiales, agrupados en otro museo bajo el título “la gran exhibición de arte alemana” tres veces y media menos, sin duda una pequeña, bella y romántica revancha del pelotón de los malditos.

martes, 22 de junio de 2010

El carterista de la Historia



Salomón es el tipo que siempre está presente, pero al que nunca nadie ve, al que nunca nadie escucha, oculto, discreto, es un pícaro fantasma, un espectro de carne y hueso capaz de atravesar paredes y hacer “clic “, materializándose en los lugares más insospechados, allá donde nunca nadie le espera, donde nunca nadie parece darse cuenta de su presencia, sea una sesión de un juicio a puerta cerrada o una íntima conversación de jerifaltes en una sesuda conferencia en la Haya, magia, él siempre se cuela, él siempre es capaz de robar el momento, como un carterista de la historia, al acecho, esperando cualquier descuido para atrapar rostros y expresiones; padre del fotoperiodismo, de la “Candid Photography”, esconde su cámara en los lugares más peregrinos, en el interior de un bombín, de un maletín o un ramo de flores y espera, estudia a las personas, sus gestos y movimientos, dispuesto a captar su esencia, su auténtico comportamiento más allá de la rigidez de una pose, modelos pillados siempre a contrapié, siempre naturales, seres aterrados, excitados, cansados, indolentes o aburridos, pero nunca conscientes de que están pasando a la historia.

viernes, 18 de junio de 2010

Asquerosamente ricos




Varado en el filo del fin del mundo, abrasado por un sol inmisericorde, Eqbal busca en el borde del camino una sombra bajo la que guarecerse, sediento, hambriento, siente una gota de sudor abriéndose paso a través del polvo de su cara, resopla primero, suspira después y bebe un bendito trago de agua, come pan ácimo y contempla el valle que se extiende a sus pies, horadado por las lluvias recientes, cubierto por una vegetación efímera que a estas alturas del año ya comienza a puntearse de flores blancas y rojizas, ordenadas y alineadas, danzando al arrullo del viento, altas y bellas, presagio de una buena cosecha, una de las mejores, si el tiempo no se estropea, si con la ayuda de Dios la plaga no llega y los extranjeros no lanzan su veneno, el trabajo hecho hasta ahora será recompensado, Eqbal reza, ruega al cielo que así sea y mientras lo hace escucha el rugido de unos motores; llegado este momento el hombre se levanta, se aleja del lateral del camino lo suficiente, siguiendo los pasos de una rutina ganada a pulso, precaución necesaria y en ocasiones insuficiente, es lo que hay, es lo que toca, se adentra en el campo y se queda de pie, estático, bien visible, con el brazo en alto, saludando amable al visitante que aparece y desaparece en cuestión de segundos, moviéndose sobre sus grandes blindados de ruedas altas y techos abiertos, pasan a su lado, varias mirillas apuntan en su dirección, hombres del otro lado del planeta acarician el gatillo esperando un movimiento en falso, una amenaza, Eqbal sabe que debe estar tranquilo, pasarán como un rayo y pronto observará la trasera de los vehículos con sus grandes carteles naranjas pintados con letras que no entiende porque es analfabeto, porque no ha hecho otra cosa en su vida que cuidar las flores del campo, traga saliva, ve alejarse la comitiva y vuelve sobre sus pasos, envuelto en una tormenta de polvo levantado por los monstruos de metal, tapa su cara, respira a través de la tela de su pañuelo y cierra los ojos, espera a que la gravedad actúe, a que la tierra vuelva a la tierra, y el aire al aire, ve el sol atravesar la nube de polvo, ve el brillo del desierto más allá de las montañas, siente las pequeñas motas de arena entre sus dientes, en sus lacrimales, ante sus ojos se despliega de nuevo la cruda realidad, su hogar de extremos, árido, vacío, ahora dicen que esa tierra está repleta de riquezas, de tesoros, ahora dicen que somos un pueblo rico, piensa Eqbal, después sonríe, tose y escupe un salivazo que choca contra la piedra, vuelve a sonreír, echa un ojo a sus adormideras, si, ricos, terriblemente ricos, asquerosamente ricos.

lunes, 14 de junio de 2010

Trileros con bata blanca.



El día dieciocho de diciembre de 1912 Dawson y Woodward atraviesan con paso firme Picadilly St y suben ligeros los escalones de la Burlington House, hasta el ala oriental del enorme edificio, sede de la insigne Real Sociedad Geológica de Londres y lugar donde ansiosa, buena parte de la flor y nata de los paleontólogos patrios esperan ése día la confirmación del gran rumor que desde hace unas semanas corre como la llama sobre la pólvora; así, impacientes, en la gran sala esperan tipos de barbas blancas y sesudos portes, serios, estirados; cuando los dos ponentes entran, se obra el silencio y se apaga el rumor de fondo, Dawson y Woodward toman asiento, orgullosos, un puntito acojonados, miran al personal, se aclaran la garganta y comienzan con su disertación, una conferencia titulada “On the Discovery of a Palæolithic Human Skull and Mandible”, o lo que es lo mismo, la exposición al mundo del mayor hallazgo de la paleontología moderna, el descubrimiento de el eslabón perdido.
Eoanthropus dawsonii lo llaman, modestos, fragmentos de la mandíbula y cráneo de un homínido a medio camino entre el mono y el ser humano, Dawson explica que los ha encontrado durante un paseo por Susex, concretamente en el pueblo de Piltdown al preguntar a unos obreros que remodelaban una carretera; es impresionante, es maravilloso, es como un sueño, los hombres de ciencia aplauden, aleluya, resulta que el eslabón perdido es inglés, como debe ser, hallado en tierras de su graciosa majestad y no en lugares remotos de África o en selvas perdidas de Sumatra o Indonesia, es la leche, hay que celebrarlo, hay que inaugurar monolitos, hay que repartir felicitaciones, menciones honoríficas y premios, hay que cambiar los libros de texto y actualizar los orígenes del hombre.
Una pena que sea mentira, se la han colado a los señores geólogos, y el engaño durará décadas, se la han metido doblada, es un timo, un gran fake, un hoax, una gran mierda pinchada en un palo, el cráneo es humano, antiguo pero humano, pero la mandíbula inferior pertenece a un orangután y los dientes a un chimpancé, un trabajo fino, piezas limadas, sumergidas en acido crómico para igualar tonalidades, para homogeneizar su aspecto, adecuadas a lo que se espera de un eslabón perdido de chichinabo.
Y se dará por bueno hasta que los estudios evolucionen, hasta que la química sea capaz de datar la edad de los fósiles y científicos con sentido crítico estudien los restos, treinta años de despiste, de tongo, de trileros con bata blanca, tres décadas de caos en las que honrados hombres de ciencia de medio mundo intentarán recomponer un puzzle con piezas falsas, confundidos por la mentira, en las que incluso se dudará de auténticos hallazgos por no cuadrar con el hombre de Piltdown; un desastre, un lastre importante, pero eso a Dawson le importa un carajo, a él le gustan más los agasajos y la fama, él ya tiene su lugar en las enciclopedias, su pedacito de historia, simplemente no puede permitir que la verdad le arruine tan fantástico descubrimiento.

jueves, 10 de junio de 2010

Palabra de Bohr



Cuando el visitante se planta en el despacho del físico, se encuentra de frente con un hombre corpulento, de cara alargada y mirada franca, de ojos, cejas, boca y nariz grandes, que peina canas en un cráneo cada vez menos poblado, abstraído, concentrado, serio, está volcado sobre un papel, garabatea dígitos, letras, igualdades y ecuaciones, llena de tinta el sustrato blanco, dibuja con números sus pensamientos, palabra de Bohr, núcleos, fotones y electrones, química cuántica; aquí esta, piensa el visitante, Niels Bohr, el tipo que consiguió mirar de cerca del átomo, escudriñar en sus entretelas, adivinar la estructura que sostiene este mundo cruel; aquí está el mito, el genio, el Nobel.
No puede ser, piensa el visitante, es imposible, se dice a si mismo mientras charla con el gran científico, él es un hombre de ciencia, repite en su cabeza mientras una pregunta no enunciada le corroe por dentro, referente a algo que ha visto, a un pequeño detalle decorativo que chirría, que le sienta al genio como un cristo con dos pistolas, al fin, tras un rato de amigable conversación, el visitante se decide, busca suficiente valor e intenta saciar su curiosidad.
-Señor Bohr, no he podido evitar ver en la entrada de su casa una herradura clavada, ¿realmente piensa que le puede traer suerte?
-Por supuesto que no… pero dicen que funciona aunque no creas en ello.

Visto en Futility Closet

martes, 8 de junio de 2010

Vidas.zip


Vidas en pequeño, comprimidas, compactadas, fragmentos de rutina, pedazos de seres humanos, mordiscos del día a día, contados desde la óptica imaginada de aquellos que los sufren en sus carnes, de hombres que cargan con la sorpresa de lo cotidiano y sin quererlo tejen una red, pintan entre todos un cuadro, un mural, una visión panorámica del asunto, de la triste y machacona realidad que los envuelve, que nos envuelve; vida condensada, no ligera, proyecto literario que utiliza el tiempo presente, porque el presente es el alimento de sus historias, el verdadero pigmento de su tinta electrónica, alma de personajes reales e imaginarios, que a veces saltan desde la pantalla y recuperan sus tres dimensiones, se dan un paseo por nuestras realidades y vuelven a su hogar construido con ceros y unos, con certezas imaginadas; por allí pululan anónimos bien conocidos, pensionistas, traficantes, chorizos de los que corren, chorizos de los que gobiernan, caraduras, futbolistas, asesinos, jueces, periodistas, estudiantes, militronchos, curritos, parados, yonkis, guardaespaldas, talibanes, por allí pululamos todos al fin, voluntaria o involuntariamente, respirando el mismo aire, pateando las mismas calles, haciéndonos las mismas preguntas, sintiendo el mismo ahogo ante la inevitable falta de respuestas.

Lorenzo Silva tiene un par de buenos libros, tiene además esta especie de blog, llamado vidas.zip de estructura similar a éste lugar y de calidad infinitamente mayor, hecho por un escritor de verdad, visitadlo, seguro que os gusta.

lunes, 7 de junio de 2010

England expects

Llegado el momento, cada hombre en la cubierta del Victory disimuladamente busca de reojo, sobre el puente de mando, la espigada silueta de Horatio Nelson; mientras, el buque avanza con poco viento por una mar en calma, atravesada de silencio, de quietud espesa y pegajosa, de tensión y miedo, de adrenalina y muerte; no queda mucho, no falta mucho para que el infierno abra una sucursal en Trafalgar, a lo lejos, como perlas negras de un collar imaginario aparecen de repente una a una, las naves de la flota combinada franco española escupidas por el horizonte, dibujando una línea alargada que al verse sorprendida intenta virar al noreste buscando Cádiz, navegando a sotavento, con el culo al aire, desordenados y en desventaja.

Pintan bastos para los franchutes, para los Spaniards, es el momento, Hoartio Nelson hace llamar a su oficial de señales John Pasco, que se cuadra ante el mito, “Mr Pasco, dígale a la flota que Inglaterra confía en que todo hombre cumplirá con su deber, debe ser rápido, tengo una orden más que hacer que es para el combate a corta distancia”, Pasco traga saliva, tose y por fin dice, “Si su excelencia me permite sustituir confía por espera, la señal será enviada pronto, porque espera esta en el diccionario de señales mientras que confía no, y debe ser deletreada”, Nelson, piensa, se acaba el tiempo, al final dice “Eso valdrá Pasco, hágalo inmediatamente”.

Y eso es lo que hace, grupos de banderas son izadas de tres en tres sobre el palo mayor, vistas perfectamente por las dos líneas de buques, por marinos que traducen el código y braman, enardecidos aúllan, están bien organizados, bien entrenados, les comanda un mito, miran sombríos la línea de barcos enemigos, a los chicos de Napoleón, a los españoles, a pesar de que son más numerosos, ya se pueden ir santiguando.

miércoles, 2 de junio de 2010

El papa que siguió en sus trece



Benedicto XIII, viejo y abandonado por todos, sabe que a él solo le destituirá la muerte, el hombre que un día se llamó Pedro Martínez de Luna, observa su escudo, con dos llaves y una media luna invertida, es un fiel reflejo del cielo que observa cada noche, con el astro emergiendo desde el mediterráneo, el mismo mar que le rodea en su castillo, que le separa de aquellos que osan llamarle hereje.

Antipapa dicen, cismático, dicen, a Don Pedro le importa un bledo, sabe que es legítimo sucesor de Clemente VII, el último de una época, una en la que hubo tantos Papas como intereses, como naciones enfrentadas; ahora, después de el concilio de Constanza las cosas han cambiado, ahora quieren acabar con el cisma que debilita la iglesia, quieren que al igual que Gregorio XII y Juan XXIII él agache la cabeza, renuncie, lo llevan claro.

Da igual, franceses, italianos, alemanes, navarros y romanos pueden decir misa, pueden irse al infierno, a la mierda, pueden excomulgarle, presionarle y amenazarle cuanto quieran, pueden sobornarle, enviar emisarios, usar su diplomacia, organizar uno y mil concilios, pueden tramar mil conspiraciones, mil asesinatos, Don Pedro, el papa Luna, nunca cederá, es terco, es aragonés, es Papa, el viejo espera el fin desde su refugio en el castillo de Peñíscola, escucha el rumor de las olas, observa los últimos rayos de luz rebotando sobre la piedra blanca y al caer la noche sonríe, noventa y seis primaveras adornan su cara cuarteada, le queda poco, llegados a este punto la sonrisa se transforma en carcajada, un pensamiento cruza su mente cansada, al carajo, después de todo, no han podido conmigo.
Pd: La terquedad del Papa luna fue memorable, tanto que hasta la expresión "seguir en sus trece" lo recuerda hoy en día, casi seiscientos años después de su muerte.