miércoles, 2 de junio de 2010

El papa que siguió en sus trece



Benedicto XIII, viejo y abandonado por todos, sabe que a él solo le destituirá la muerte, el hombre que un día se llamó Pedro Martínez de Luna, observa su escudo, con dos llaves y una media luna invertida, es un fiel reflejo del cielo que observa cada noche, con el astro emergiendo desde el mediterráneo, el mismo mar que le rodea en su castillo, que le separa de aquellos que osan llamarle hereje.

Antipapa dicen, cismático, dicen, a Don Pedro le importa un bledo, sabe que es legítimo sucesor de Clemente VII, el último de una época, una en la que hubo tantos Papas como intereses, como naciones enfrentadas; ahora, después de el concilio de Constanza las cosas han cambiado, ahora quieren acabar con el cisma que debilita la iglesia, quieren que al igual que Gregorio XII y Juan XXIII él agache la cabeza, renuncie, lo llevan claro.

Da igual, franceses, italianos, alemanes, navarros y romanos pueden decir misa, pueden irse al infierno, a la mierda, pueden excomulgarle, presionarle y amenazarle cuanto quieran, pueden sobornarle, enviar emisarios, usar su diplomacia, organizar uno y mil concilios, pueden tramar mil conspiraciones, mil asesinatos, Don Pedro, el papa Luna, nunca cederá, es terco, es aragonés, es Papa, el viejo espera el fin desde su refugio en el castillo de Peñíscola, escucha el rumor de las olas, observa los últimos rayos de luz rebotando sobre la piedra blanca y al caer la noche sonríe, noventa y seis primaveras adornan su cara cuarteada, le queda poco, llegados a este punto la sonrisa se transforma en carcajada, un pensamiento cruza su mente cansada, al carajo, después de todo, no han podido conmigo.
Pd: La terquedad del Papa luna fue memorable, tanto que hasta la expresión "seguir en sus trece" lo recuerda hoy en día, casi seiscientos años después de su muerte.

2 comentarios:

Markos dijo...

Yo también me metería en el castillo de Peñíscola y aguantaría como un jabato. Qué vistas!
¿Quién le iba a mover de sus trece si fue elegido por su dios, igual que los otros? :-D
Salu2

Javier Font dijo...

Desde luego, tonto no era el señor Luna, y tampoco escogía mal su morada... Un saludo Markos...