lunes, 7 de junio de 2010

England expects

Llegado el momento, cada hombre en la cubierta del Victory disimuladamente busca de reojo, sobre el puente de mando, la espigada silueta de Horatio Nelson; mientras, el buque avanza con poco viento por una mar en calma, atravesada de silencio, de quietud espesa y pegajosa, de tensión y miedo, de adrenalina y muerte; no queda mucho, no falta mucho para que el infierno abra una sucursal en Trafalgar, a lo lejos, como perlas negras de un collar imaginario aparecen de repente una a una, las naves de la flota combinada franco española escupidas por el horizonte, dibujando una línea alargada que al verse sorprendida intenta virar al noreste buscando Cádiz, navegando a sotavento, con el culo al aire, desordenados y en desventaja.

Pintan bastos para los franchutes, para los Spaniards, es el momento, Hoartio Nelson hace llamar a su oficial de señales John Pasco, que se cuadra ante el mito, “Mr Pasco, dígale a la flota que Inglaterra confía en que todo hombre cumplirá con su deber, debe ser rápido, tengo una orden más que hacer que es para el combate a corta distancia”, Pasco traga saliva, tose y por fin dice, “Si su excelencia me permite sustituir confía por espera, la señal será enviada pronto, porque espera esta en el diccionario de señales mientras que confía no, y debe ser deletreada”, Nelson, piensa, se acaba el tiempo, al final dice “Eso valdrá Pasco, hágalo inmediatamente”.

Y eso es lo que hace, grupos de banderas son izadas de tres en tres sobre el palo mayor, vistas perfectamente por las dos líneas de buques, por marinos que traducen el código y braman, enardecidos aúllan, están bien organizados, bien entrenados, les comanda un mito, miran sombríos la línea de barcos enemigos, a los chicos de Napoleón, a los españoles, a pesar de que son más numerosos, ya se pueden ir santiguando.

No hay comentarios: