jueves, 10 de junio de 2010

Palabra de Bohr



Cuando el visitante se planta en el despacho del físico, se encuentra de frente con un hombre corpulento, de cara alargada y mirada franca, de ojos, cejas, boca y nariz grandes, que peina canas en un cráneo cada vez menos poblado, abstraído, concentrado, serio, está volcado sobre un papel, garabatea dígitos, letras, igualdades y ecuaciones, llena de tinta el sustrato blanco, dibuja con números sus pensamientos, palabra de Bohr, núcleos, fotones y electrones, química cuántica; aquí esta, piensa el visitante, Niels Bohr, el tipo que consiguió mirar de cerca del átomo, escudriñar en sus entretelas, adivinar la estructura que sostiene este mundo cruel; aquí está el mito, el genio, el Nobel.
No puede ser, piensa el visitante, es imposible, se dice a si mismo mientras charla con el gran científico, él es un hombre de ciencia, repite en su cabeza mientras una pregunta no enunciada le corroe por dentro, referente a algo que ha visto, a un pequeño detalle decorativo que chirría, que le sienta al genio como un cristo con dos pistolas, al fin, tras un rato de amigable conversación, el visitante se decide, busca suficiente valor e intenta saciar su curiosidad.
-Señor Bohr, no he podido evitar ver en la entrada de su casa una herradura clavada, ¿realmente piensa que le puede traer suerte?
-Por supuesto que no… pero dicen que funciona aunque no creas en ello.

Visto en Futility Closet

2 comentarios:

Markos dijo...

Bonita historia. Un hombre de ciencia de ese calibre con supersticiones atávicas. Qué humanidad!
Salu2

Javier Font dijo...

suponiendo que sea una anécdota totalmente cierta... una broma cojonuda y una cura de humildad para aquellos que a veces confiamos ciegamente en la ciencia