lunes, 14 de junio de 2010

Trileros con bata blanca.



El día dieciocho de diciembre de 1912 Dawson y Woodward atraviesan con paso firme Picadilly St y suben ligeros los escalones de la Burlington House, hasta el ala oriental del enorme edificio, sede de la insigne Real Sociedad Geológica de Londres y lugar donde ansiosa, buena parte de la flor y nata de los paleontólogos patrios esperan ése día la confirmación del gran rumor que desde hace unas semanas corre como la llama sobre la pólvora; así, impacientes, en la gran sala esperan tipos de barbas blancas y sesudos portes, serios, estirados; cuando los dos ponentes entran, se obra el silencio y se apaga el rumor de fondo, Dawson y Woodward toman asiento, orgullosos, un puntito acojonados, miran al personal, se aclaran la garganta y comienzan con su disertación, una conferencia titulada “On the Discovery of a Palæolithic Human Skull and Mandible”, o lo que es lo mismo, la exposición al mundo del mayor hallazgo de la paleontología moderna, el descubrimiento de el eslabón perdido.
Eoanthropus dawsonii lo llaman, modestos, fragmentos de la mandíbula y cráneo de un homínido a medio camino entre el mono y el ser humano, Dawson explica que los ha encontrado durante un paseo por Susex, concretamente en el pueblo de Piltdown al preguntar a unos obreros que remodelaban una carretera; es impresionante, es maravilloso, es como un sueño, los hombres de ciencia aplauden, aleluya, resulta que el eslabón perdido es inglés, como debe ser, hallado en tierras de su graciosa majestad y no en lugares remotos de África o en selvas perdidas de Sumatra o Indonesia, es la leche, hay que celebrarlo, hay que inaugurar monolitos, hay que repartir felicitaciones, menciones honoríficas y premios, hay que cambiar los libros de texto y actualizar los orígenes del hombre.
Una pena que sea mentira, se la han colado a los señores geólogos, y el engaño durará décadas, se la han metido doblada, es un timo, un gran fake, un hoax, una gran mierda pinchada en un palo, el cráneo es humano, antiguo pero humano, pero la mandíbula inferior pertenece a un orangután y los dientes a un chimpancé, un trabajo fino, piezas limadas, sumergidas en acido crómico para igualar tonalidades, para homogeneizar su aspecto, adecuadas a lo que se espera de un eslabón perdido de chichinabo.
Y se dará por bueno hasta que los estudios evolucionen, hasta que la química sea capaz de datar la edad de los fósiles y científicos con sentido crítico estudien los restos, treinta años de despiste, de tongo, de trileros con bata blanca, tres décadas de caos en las que honrados hombres de ciencia de medio mundo intentarán recomponer un puzzle con piezas falsas, confundidos por la mentira, en las que incluso se dudará de auténticos hallazgos por no cuadrar con el hombre de Piltdown; un desastre, un lastre importante, pero eso a Dawson le importa un carajo, a él le gustan más los agasajos y la fama, él ya tiene su lugar en las enciclopedias, su pedacito de historia, simplemente no puede permitir que la verdad le arruine tan fantástico descubrimiento.

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