jueves, 9 de septiembre de 2010

El castrado.



Mientras espera, Marco busca las paredes del recinto y camina lentamente hacia atrás hasta dar con la esquina, exactamente el lugar donde sus mundos colisionan, frente a él, dos hombres negocian, hablan a las claras del coste de la operación y las posibilidades de que Marco muera, de que la inversión se pierda, al mencionar esa opción, el hombre de mandil blanco, el barbero de tez oscura levanta sus hombros y sonríe, intenta poner cara de angelito pero no lo consigue, porque los angelitos suelen tener dientes, después comenta “a veces ocurre, si surge la gangrena y la fiebre se mueren, es un riesgo que asume el cliente”, dice en un tono suave e inerte, muy profesional; el mentor escucha, arruga el morro y mira de refilón al niño, levanta su dedo índice, “mas te vale que seas cuidadoso, el muchacho es un diamante en bruto”.
A esas alturas Marco ya tiembla, cientos de voces se agolpan en su cabeza, se aferran a sus piernas, es incontenible, asciende por su diminuto cuerpo y hace que se orine encima, siente un terror denso y pegajoso que le bloquea, le paraliza y hace que no pueda pensar con claridad; maldice su vida, maldice su don, el mismo que le sacó de la miseria, el mismo que ahora, con diez años le enfrenta a su destino de castrato, no queda otra, en dos años como mucho comenzará la pubertad, crecerá vello sobre su cara y la voz que atesora y encandila a los ricos se perderá para siempre, eso le han dicho todos, es lo que hay, en dos años aquellos que aplauden sus actuaciones, que le tratan con admiración, cariño y respeto le despreciarán, le mirarán indolentes y le expulsarán de su entorno, “sólo hay una manera” le han dicho, “tu destino pasa por la barbería”.
Su mentor hace una señal, Marco camina, su cuerpo le dice que corra, su mente le dice que tras la puerta sólo le espera la miseria, paso a paso, vence su mente, paso a paso continúa, hasta que la mano sucia del barbero le da una palmadita en la espalda, le sujeta por el cuello y le susurra al oído, “no te dolerá, te lo garantizo, piensa que aún has tenido suerte, otros, los que lo hacen con ocho años, a ésos nunca se les levantará el pajarito” después ríe, una carcajada que se clava en el tímpano del joven mientras le desnudan, mientras le dejan en cueros delante de una bañera con agua caliente.
Cierra los ojos, aprieta los dientes, es asido por las axilas y de repente nota como alguien le manosea los testículos, es el demonio que habla, “haremos la incisión aquí y aquí, metedle en el barreño”, Marco es izado, es introducido en el agua, siente su calor, el vapor que se mete en sus pulmones y le asfixia, se aferra al hombre que le agarra, aprieta los puños y maldice no ser tener la fuerza suficiente para sacarle los ojos, golpea, grita y por fin llora, de lejos escucha al bastardo correr a por un brebaje, le observa echar rápidamente unas gotas de láudano en un vaso con agua.
“Bebe” le dicen, el se niega pero le obligan, el brebaje amargo pasa por su garganta, abre los ojos, patalea, el agua del barreño se derrama y para cuando toca el suelo repleto de mierda, el niño siente como algo se rompe en su interior, es como si aferraran un ancla a sus entrañas, le hunde, le amordaza y le deja sin fuerzas, como si un brujo le hubiese robado la fuerza, el aliento, Marco siente sueño, deja de moverse y mira a su mentor, mira al demonio de mandil blanco, le observa cogiendo unas tijeras finas y alargadas, limpiándolas con un paño, después alguien roba la luz del universo, es lo último que ve antes de cumplir su puerco destino de voz angelical.

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