martes, 9 de diciembre de 2014

No es un día perfecto para el pez payaso




Hay un tipo llamado Larry debajo de la piel blanca del payaso Cymbol, alguien que ha sido actor,  monje trapense, incluso bailarín en Brodway, o al menos es lo que él dice; sin embargo, cosas de la vida, el bueno de Larry ha cambiado los zapatos de claqué por otros con diez tallas de más, Larry es ahora “el clown patético”, un ser quizás triste porque vivir en la calle deja su impronta, sus cicatrices, su olor a suciedad y a alcohol, quizás triste  porque el frío a veces se mete en los huesos y no deja pensar con claridad, quizás triste porque la vida resulta que se le ha escurrido entre las manos en un abrir y cerrar de ojos, demasiado rápido.
Larry muestra una flor de mentira a un niño desconfiado, la madre tira del brazo asustada y acelera el paso, el niño regala una sonrisa; bien hecho mocoso, las sonrisas riegan el alma pero son poco eficaces contra el vacío de las tripas, Larry pide una ayudita, la mujer se rasca el bolsillo mientras Cymbol escucha a sus espaldas una voz gruesa y burlona.
–¡Que tenemos aquí!
Cymbol se gira y se encuentra al oficial Hogan, su aspecto es una digna imagen de su voz.
–Sólo un payaso humilde, Señor.
Bien, bien, piensa el policía, un payaso humilde y mendigo, quizás con alguna cuenta pendiente con la ley.
Las leyes no entiende de payasos, aunque a veces parezcan redactadas por ellos, el oficial Hogan echa el lazo, cumple la norma y alguien saca una foto.

Definitivamente, hoy no es un día perfecto para el pez payaso. 

Historia vía LATimes

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