viernes, 23 de enero de 2015

Letras de ceniza






La mañana del 24 de Agosto del año 79 dc, los Dioses se debieron levantar con el pie izquierdo a los pies del Vesubio; inmisericordes, irritables y vengativos como sólo ellos saben ser, decidieron enviar toneladas de piedras incandescentes y gases tóxicos sobre las ciudades de Herculano y Pompeya, convirtiéndolas en arena y polvo, reduciendo a sus habitantes a una carcasa negruzca y asustada.

Aquél día ardió también una impresionante biblioteca clásica en Herculano, miles de escritos meticulosamente coleccionados por un suegro del propio César, un tal Lucio Calpurnio Pisón, papiros continentes de la filosofía Epicúrea, que quedaron sellados para siempre, enterrados bajo los efectos de un flujo piroclástico.

Lo curioso del asunto, es que el mismo proceso que los destruyó, es el que ha permitido que lleguen hasta nuestros días; hace unos 260 años parte de la biblioteca fue encontrada, rollos endurecidos, convertidos en toba volcánica, y por tanto ilegibles; muchos han sido los intentos fallidos de leer su contenido, intentos que normalmente han conducido a la sistemática destrucción del papiro.

Ideas filosóficas, compuestas por frágiles letras de ceniza que al ver la luz del día desaparecen para siempre.

Hasta hoy, momento en el que, al parecer, científicos italianos y franceses han encontrado la manera de mirar dentro de sus tripas sin ni siquiera tocarlos, usando la ciencia, mediante tomografias de contraste han sido capaces de lo que parecía imposible, rescatar a la filosofía de su frágil cárcel de ceniza.

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