sábado, 28 de enero de 2017

El hombre extraviado




 El hombre sin recuerdos ahora sabe que la memoria está hecha de cenizas, inútil materia prima, frágil e inerte, con la que ha construido caducos parapetos en su cabeza, murallas cuarteadas incapaces de detener el huracán; desnudo, helado, empapado; sin esfuerzo llega a la conclusión de que el olvido es como un niño travieso, como una amante despechada, como un pintor de retratos que sólo usa el color blanco, que construye realistas lienzos monocromáticos fieles al reflejo perfecto de la nada, copia exacta de su mundo transparente, maestro obcecado que siempre enseña una única lección, biógrafo que ha escrito su vida con un lápiz de carpintero, que ha arrastrado después el extremo de sus dedos sobre las líneas de grafito, atento ante los nombres en descomposición, verbos y adverbios heridos de muerte, difuminados, rotos en cachitos pequeños, sílabas, letras y trazos sin sentido; el hombre sin recuerdos ahora sabe que todo lo que sabe no es nada y extravía su existencia mientras escucha el silencio de sus propias palabras.

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